19 de febrero. Jueves después de Ceniza.
Vivimos en una cultura que nos empuja a proteger la imagen y a asegurar cada paso que damos. Se nos anima constantemente a ganar, a acumular, a no perder nunca posición ni prestigio, como si en ello nos fuera la vida. Sin embargo, cuanto más control creemos tener, más asoma una inquietud silenciosa que no logramos acallar.
En este contexto, el evangelio propone una lógica que descoloca nuestras seguridades.
Jesús no oculta el rechazo ni el sufrimiento, y al mismo tiempo invita a asumir cada día la propia cruz como camino de seguimiento. Así, advierte que quien se aferra a salvar su vida termina perdiéndose, mientras que quien aprende a entregarla descubre su sentido más hondo.
Por eso, también nosotros podemos detenernos y revisar qué entendemos por éxito y plenitud.
Tal vez se nos abre la posibilidad de soltar aquello que nos encierra y así poder caminar con mayor autenticidad. Feliz jueves.
