11 de febrero. Miércoles de la V semana del tiempo ordinario
Vivimos obsesionados con la imagen, la dieta perfecta y la reputación digital.
Nos preocupa y ocupa mucho lo que comemos, cómo vestimos y qué proyectamos en redes.
Pero quizá hemos desplazado la pregunta más incómoda hacia un rincón silencioso.
El Evangelio nos recuerda que la verdadera impureza no viene de fuera sino de dentro.
No es lo que ingerimos o tocamos lo que nos desordena, sino lo que brota del corazón.
Así nuestro interior se convierte en un espacio de libertad para que salgan cosas malas o buenas.
Hoy vivimos nuevos tipos de impureza: la prisa, la indiferencia, el fracaso, la fragilidad… Tal vez podríamos atrevernos a revisar nuestro interior para ver de qué se alimenta, para descubrir aquello que da vida frente a la mengua.
Feliz miércoles.
