4 de julio, sábado de la XIII semana del tiempo ordinario.
Estos días de verano muchas personas aprovechan para renovar espacios, ordenar armarios y desprenderse de lo que ya no sirve. Sabemos por experiencia que no basta con parchear lo viejo cuando la vida pide otra cosa. Hay momentos en que solo un cambio de verdad hace sitio a lo que viene.
El Evangelio de hoy nos regala la imagen del vino nuevo que necesita odres nuevos. Jesús invita a no encorsetar la novedad que él trae en estructuras gastadas ni en costumbres vacías. Mientras el esposo está presente, lo que toca es la alegría, no el luto.
Quizá nos venga bien preguntarnos qué odres viejos seguimos usando por pura inercia. Hoy podríamos intentar estrenar recipientes capaces de acoger lo que está naciendo en nosotros. Se trata de dar espacio a lo nuevo sin miedo a soltar lo que ya cumplió su tarea. Feliz sábado.
