Se han llevado a mi Señor y no sé dónde lo han puesto

Lecturas 14 de abril, martes 1ª semana de Pascua

María Magdalena con estas palabras puede poner voz a muchos creyentes. Han conocido y experimentado al Señor de una determinada manera, pero ahora van a donde esperan encontrarlo y no lo ven. Esperan encontrarlo en algunas prácticas, en algunos lenguajes, en algunos estilos comunitarios; pero resulta que modo de la Magdalena, no son capaces de verlo. Algo ha pasado.

Como Magdalena a veces queremos encontrar al Señor entre los muertos, pero resulta que está entre los vivos. El Resucitado, ahora en nuestra sociedad también está entre los vivos que utilizan nuevos modos de relacionarse, nuevos lenguajes y nuevos estilos de ser comunidad. Es el Resucitado el que está ahí justo al ladito, pero pensamos que es el hortelano; hasta que en un momento nos llama por nuestro nombre.

Hoy con el COVID 19, tenemos que aprender a buscar al Señor de nuevas maneras. Tenemos los templos cerrados, las comunidades no se pueden reunir y los nuevos lenguajes y modos de relacionarnos también nos están cambiando. En ese cambio sentimos que seguimos teniendo sed de Dios, aunque no sepamos dónde lo han puesto; pero esperamos que Él nos encuentro y nos llame por nuestro nombre.

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Alegraos

Lecturas 13 de abril, lunes 1ª semana de Pascua

Jesús sale al encuentro de los discípulos y les dice alegraos. Los discípulos vienen de pasarlo muy mal y es sintomático del modo de hacer de Dios que la presencia de Jesús empiece con el deseo de alegría.

Necesitamos alegría en la vida. Sabemos y conocemos casi todos los peros que podemos decir para no vivirla, pero nuestra vida necesita de alegría. La alegría de salir de una mala racha, la alegría del humor que relativiza las noticias funestas, la alegría del corazón por nuestra gente, la alegría de la música, del baile, de los colores, la alegría del amor.

Hay una canción una conocida expresión que dice Viva la vida .Pues vivámosla con toda la alegría compartida que podamos ya que es el mejor testimonio de resurrección que podemos dar. Si en algo se reconoce en quien vive la experiencia del resucitado, es precisamente en la alegría. Alegrémonos.

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Vio y creyó

Lecturas Domingo de Resurrección

Dios habla de manera sorprendente. Dios resucitó a Jesús entre los muertos, y de repente tanto silencio silencio se convierte en algo totalmente nuevo que podemos verlo con los tres personajes del Evangelio de hoy:

  • María Magdalena: La que acompañó en todo momento a Jesús, pero quien busca a Jesús en el sepulcro. Era lo lógico. ¿Cuántas veces buscamos a Dios en sepulcros de toda clase, en historias pasadas, en recuerdos,… Dios nos espera en la vida, ahí se nos aparecerá.
  • El discípulo amado: El que corre, el que primerea (verbo que usa el Papa Francisco). Necesitamos gente que vaya delante, que se corra, que sea ágil para ir a buscar el Señor, pero que luego espera a la comunidad. Fue el que vio y creyó.
  • Simón Pedro: Es el que llega algo más tarde, pero su presencia, como el de la comunidad es el que permite entender la historia como algo nuevo, como la gran palabra de Dios sobre Jesús, que es que este lo resucitara. Necesitamos de los demás para entender.

Hoy es Domingo de Resurrección, es el momento de alegría y como dirá Ignacio, es el tiempo para ejercer el oficio de consolar. Hoy nuestro mundo necesita de consuelo, necesita de abrazos, necesita de alegría, necesita de esperanza. Hoy se necesita de apóstoles que hayan visto y que hayan creído, para que con su vida iluminen las zonas que necesiten de luz. Felices Pascuas a todas y todos.

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y Dios calla

Hoy es sábado santo y en la liturgia no hay palabra de Dios hasta la celebración de la Vigilia. Es un tiempo que parece que se ha detenido, pero que tiene prisa por llegar a lo siguiente. Es tiempo de duelo, de dolor que no se sabe cómo aliviar. Es tiempo de silencio.

Algunos rasgos que estamos viviendo en este confinamiento me suenan a sábado santo. Un tiempo que parece que no pasa y que queremos que pase cuanto antes. Un inmenso dolor por tantas personas fallecidas y que no hemos podido despedir. Una inquietud punzante, sobre el cómo vamos a salir de esta. Y una extraña sensación de silencio en las calles.

Para los discípulos es un tiempo en el que ya no tienen a Jesús, en el que su sentido de vida se ha ocultado. Es un tiempo de recordar de manera apresurada y sin orden vivencias compartidas. Es un tiempo de un duelo que no pueden compartir por miedo. Es un tiempo de dispersión. Sólo queda resistir, consolarnos como podamos, decirnos ya saldremos de ésta, o todo saldrá bien. Es un tiempo en que descubrimos quién nos falta a nuestra lado y le echamos de menos porque queremos que esté con nosotros. Pero entre tanto, Dios calla.

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Ante la cruz

Contemplar la pasión y especialmente la crucifixión me genera desazón, tristeza, rabia e incomprensión. Simplemente planteo 3 momentos:

Está cumplido Son las últimas palabras de Jesús en el Evangelio de Juan antes de su muerte en la cruz. Es el final de un recorrido en el que ha ido predicando y viviendo el Reino de Dios que tiene un final que nos sitúa ante la gran paradoja de la vida cristiana. Reconocemos la entrega de Jesús hasta el final, como decía ayer en la cena, mostró que los amó gasta el extremo. Es una ocasión para aprender a mirar a los crucificados del mundo y con ellos a mirar a quienes aman hasta el extremos.

Mi siervo tendrá éxito. Es lo que dice el 4º cántico del siervo que utilizamos como primera lectura. La cruz es el éxito de Dios. ¿Cómo un ejecutado con su grupo de seguidores dispersos ha tenido éxito? Me cuestiona lo que significa el éxito en la vida, aquello por lo que luchan, luchamos millones de personas cada día, lo que los grandes y pequeños líderes del mundo persiguen, pero que al final es totalmente ajeno a la lógica de Dios. Y aquí nos preguntamos con algunos que presenciaban la ejecución: Dios, ¿dónde está tú éxito?

Ahí tienes a tu madre. En la vida de Jesús siempre ha estado presente María, su madre. Nunca ha estado solo. María, la mujer del pueblo, que creyó y se comprometió. Me gustaría acordarme del dolor de tantas madres que sienten las puñaladas de la realidad en sus hijos, en la vida que trajeron. Me acuerdo de aquellas en quien creen a pesar de todo, y en aquellas que nos enseñan a esperar cuando nadie espera nada.

Es viernes santo, el tiempo de todos los crucificados de la historia, el tiempo de preguntarnos el por qué de tanta injusticia y dolor; y el tiempo en el que miramos al cielo esperando aún a que Dios haga algo por su Hijo, a que Dios haga algo por sus hijos. Entre tanto, Dios calla.

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os he dado ejemplo

Lecturas: 9 de abril Jueves Santo

Comienza la Pasión en una cena donde Jesús con el gesto del lavatorio explica perfectamente el sentido de su vida. El gran gesto de Jesús, que después la Iglesia repetirá infinitamente, será la Eucaristía con el lavatorio. Eso que será tan importante en nuestra tradición, comenzó en una sala, en una casa, en una cena con una conversación y con una actitud concreta.

Hoy estamos parecido, estamos en casa, compartiendo sala, comiendo juntos, teniendo conversaciones y con unas actitudes determinadas que responden a la vida. Hay casas de todo tipo, donde hay gente que está sola, en pareja, en familia, en comunidad,… Pero en todas ellas se están dando los grandes gestos de la vida por medio del servicio. Encontramos muchos gestos en la llegada de los que vienen de trabajar fuera (sanitarios,…) que vienen con el dolor de ver sufrimiento; los que están en casa cuidando a los de al lado, los que mantienen el ánimo y la paz con los pequeños, los que resisten en la soledad, quienes unen familia amigos por las redes, quienes crean, quienes rezan,… todos y todas nos ofreen grandes gestos como el de Jesús.

La Eucaristía también es acción de gracias, que no seamos como Pedro, tan torpes para no comprender y rechazar el ejemplo de Jesús. Me gustaría que la gran Eucaristía de hoy fuera ocasión para agradecer, valorar y aprender del ejemplo que tantas personas nos han dado con su servicio, para que al modo de Jesús todos podamos decir «os he dado ejemplo» de servicio.

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Mi momento está cerca

Lecturas: 8 de abril Jueves Santo

Ya estamos muy cerca de la celebración de la Pasión en esta extraña Semana Santa. Y a la vez empezamos a ver cada vez más cerca el paso del confinamiento a otra situación distinta. Jesús se prepara, se organizan para la cena de la Pascua, anuncia la traición,… pero es claro que los discípulos no se dan cuenta de la que se les viene encima.

Se hace muy llamativa la diferencia de expectativas ante una misma vivencia compartida. La expectativa de Jesús, alguien sereno y consciente que contrasta con lo ajenos que parecen los discípulos. Esta situación que vivimos nos muestra y recuerda lo mismo, la diversidad de modos de afrontar el momento que se acerca.

Ignacio de Loyola, en ejercicios utiliza un verbo relevante: disponerse. Ignacio invita al ejercitante a que se disponga a lo que tiene por delante, como proceso, como tarea, como don y como futuro. Disponerse es preparar todos los recursos, personales, piscológicos y desde luego espirituales para el momento. Nos pide ánimo y liberalidad, como actitud al camino nuevo que empezamos. ¿Cómo nos disponemos para el momento?

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Señor, ¿a dónde vas?

Lecturas: 7 de abril Martes Santo

La experiencia que estamos viviendo es muy difícil de explicar, nos faltan palabras y nos falta tiempo para ir construyendo un relato en el que encaje esta realidad tan compleja. Algo parecido les pasó a los evangelistas, que se les hacía difícil explicar lo de Jesús, y echaron mano de Isaías. El profeta estos días Isaías nos presenta al siervo de Yahvé, que será el icono con el cual los evangelistas explicarán la pasión Jesús, sabiendo que tiene mucho de inexplicable.

También se nos hace inexplicable la traición de Judas, o lo torpes que son los discípulos, o la cabezonería de Pedro. Pero en esa realidad difícil encontramos la experiencia de que el Señor nos llama. Nos llama desde la situación en la que estamos y en el modo que cada uno somos. Nos llama a algo que no está muy claro, pero que creemos que merece la pena.

Hoy a nuestras sociedades, a nuestras comunidades y cada uno individualmente nos toca responder a la llamada que surge de la realidad que vivimos. Nos toca discernir un futuro difícil de explicar por desconocido, un futuro al que tenemos que transitar con la misma sensación de Pedro, Señor, ¿a dónde vas? Es un tiempo de enormes retos personales, comunitarios y colectivos, un reto en el que debemos aprender a discernir mejor para que respondamos más y mejor al mundo que viene, y reformular la pregunta de Pedro: ¿a dónde vamos?

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A mí no siempre me tenéis.

Lecturas: 6 de abril Lunes Santo

En esto de la Semana Santa, siempre jugamos con ventaja, todos los años la afrontamos con el spoiler de que Jesús ha resucitado. El hecho es que con esto del coronavirus vamos conociendo cada vez más casos de personas que van falleciendo y ciertamente en número significativo. Con ellos nos damos cuenta que ya no los tenemos y en muchos casos ni hemos podido despedirnos de ellos no hacer un funeral para comenzar el necesario duelo.

Son muertos que se acumulan como números, como se amontonan en las morgues, pero han sido personas con historias llenas de vida que en algún modo se desvanecen y parece que desaparecen del horizonte envueltos en dispositivos asépticos. Pero nuestro corazón no es aséptico, nuestro corazón se duele, siente el vacío, siente el miedo, la impotencia y a la vez la fragilidad que no se desvanece, sino que permanece.

Los cristianos, con esto de la resurrección, podemos ayudar(nos) a partir de la experiencia de fe que fundamenta nuestra esperanza, a modo de spoiler intuido. Tenemos la esperanza de, que en algún modo, los desvanecidos los tendremos siempre. Que con la ayuda de la imagen del banquete del Reino esperamos que volveremos a juntarnos y que nos digamos lo que nos dice Jesús resucitado: estaré siempre con vosotros.

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Decir al abatido una palabra de aliento.

Lecturas: 5 de abril Domingo de Ramos

Hoy «celebramos» la entrada de Jesús en Jerusalén, y con ello nos adentramos en el misterio de la Pasión de Jesús. Un misterio cuya intención es decir al abatido una palabra de aliento, y es ahí donde nos adentramos en eso que Pablo llama sabiduría de la cruz. Una cruz, que de ser objeto de ejecución se convierte en el medio de salvación.

La invitación de las lecturas es contemplar, acompañar a Jesús en su pasión y por ello os propongo que nos preguntemos cómo queremos hacerlo. Por medio de qué personajes del relato nos hacemos presentes en la contemplación.

En primer lugar tenemos a Jesús, el crucificado con los crucificados del mundo. Aquel que vive ese tiempo sobre el cual Ignacio en los Ejercicios nos invitará a ver cómo la Divinidad se esconde, y yo añadiría, ver cómo la humanidad se esconde. En Jesús se da la máxima tensión entre presencia y ausencia de Dios.

Después tenemos a aquellos que le llevan a la cruz. Las autoridades religiosas y civiles, que una vez más en la historia colaboran para crucificar. Son los que de manera consciente y a al vez inconscientemente, promueven el proceso religioso y penal que dará como resultado al crucificado. Sólo tenemos que mirar cómo nuestros procesos sociales también conducen a la cruz a demasiadas personas.

Es interesante que nos fijemos en el pueblo. Un pueblo que condena, que grita, que jalea y que en algún modo aprueba el castigo. Un pueblo que entra en una especia de liturgia donde lleva a un extraño altar sus víctimas para sacrificar en el bien del mismo pueblo. Yo muchas veces en nuestra vida habitual me encuentro identificado con ese pueblo que condena y crucifica en medio de un gran alboroto.

Y por último los discípulos. Desaparecidos en combate. Solo unos pocos aparecen, Pedro y luego Juan, con las mujeres como grandes protagonistas que acompañan como pueden la pasión. El resto, calla y desaparece. Suponemos que entre el miedo y la frustración; la comunidad se disuelve y se dispersa. En tiempos del sálvese quien pueda, cada uno vuelve a su esquina, a su proyecto.

Finalmente el Evangelio nos sitúa ante el crucificado, como los guardias que confiesan realmente este era el Hijo de Dios. Hoy nosotros, también ante el crucificado podemos preguntarnos ¿qué he hecho? ¿qué hago? ¿qué voy a hacer por Cristo?

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