12 de julio, domingo de la XIV semana del tiempo ordinario
Vivimos en una sociedad pendiente de los resultados, de lo que se consigue y de lo que se puede mostrar. Nos cuesta dedicar tiempo a aquello que no ofrece una recompensa rápida ni una garantía de éxito. Por eso, sembrar con paciencia y sin saber cuándo llegará el fruto se ha convertido casi en un acto de rebeldía.
El sembrador no guarda la semilla para los terrenos más seguros, sino que la reparte con generosidad. Una parte se pierde, otra apenas logra crecer y otra termina dando mucho más de lo esperado.
Aprendamos a sembrar escucha, cuidado y esperanza en las personas que encontramos cada día. No midamos cada gesto por su resultado inmediato ni dejemos de intentarlo porque no vemos pronto los frutos. Feliz domingo.
