25 de octubre, domingo XIX del tiempo ordinario
A veces vivimos a trozos, separando lo que sentimos, pensamos y hacemos. El trabajo ocupa un lugar, los afectos otro y la fe queda para ciertos momentos. Pero necesitamos una vida en la que todo lo que somos pueda encontrarse.
En el evangelio, Jesús invita a amar a Dios con todo el corazón, alma y mente. Se trata de una invitación a implicar la vida entera, sin reservar parcelas. Un amor que reúne sentimientos, pensamiento y decisiones, y se concreta en el prójimo.
Hoy podríamos mirar si lo que hacemos muestra lo que creemos y sentimos. Creyentes o no, podemos buscar esa coherencia que nos permite vivir más enteramente. Intentemos vivir integrados desde al amor. Feliz domingo.
