Democracia, burocracia… ¿e innovación?

Por Julen Escalero, iNNoVaNDeR 10G y consultor en PKF ATTEST

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Ahora que las elecciones están a la vuelta de la esquina (¿no habéis notado que de repente arreglan todas las carreteras?), puede que sea un buen momento para desviar un poco nuestro foco de atención hacia los políticos. Un momento, ¿este no era un espacio para hablar de innovación y cuestiones relacionadas? Pues ese es precisamente el reto de hoy: ver qué puntos de encuentro puede haber entre estas dos materias: democracia e innovación.

Existen diversos debates interesantes en esta área (por ejemplo, la evolución del modus operandi de los partidos políticos y de sus dirigentes, o los cambios en la innovación de origen público/político, por ejemplo algunos centros de investigación), y una percepción generalizada de que lo mejor es que las administraciones públicas “no causen problemas” (léase ir a hacer un trámite y no tener que dar vueltas es un alivio en vez de ser lo normal).

La literatura sobre innovación en el área pública, como lo es con la innovación en general, se antoja amplia y no siempre convergente. Algunos autores, como Losada i Marrodan (1999), sugieren que el sector público va por detrás del privado, adoptando soluciones que surgieron para el segundo y mejorando así la gestión pública.

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Voy a partir mi reflexión de la estabilización ideológica de la democracia como esquema básico sobre el que construir un país moderno. Constituida ya como un valor en sí mismo, en Occidente está fuera de debate en el siglo XXI que la democracia es el sistema deseado y deseable. La práctica, en cambio, acepta matices. Tendemos quizá a pensar que todo el mundo es como el reducto en el que habitamos, pero sigue habiendo dictaduras, declaradas o de facto, en muchas partes del mundo. También democracias descafeinadas en muchos países; pues aunque la democracia se antoje el sistema preferible, algunos dudan de que sea el sistema “definitivo”. De hecho, recordemos la jocosa afirmación de todo un W. Churchill: “la democracia es la peor forma de gobierno, excepto por todas las otras formas que han sido probadas de vez en cuando” (1947).

En general, atendiendo a los datos oficiales, el nivel de democracia en el Viejo Continente y Norteamérica parece no haber avanzado sustancialmente en los últimos años. Para no irnos tan lejos, en España sobreviven sistemas como el concejo abierto, que con sus ventajas e inconvenientes se encajan en el sistema político democrático actual. En cualquier caso, la asunción de la democracia como marco básico delimita las características de la relación entre el gobierno y el pueblo.

Otra clave es la apertura de los gobiernos, que parece ser una tendencia mundial. Internet nos ha abierto un universo de posibilidades y una de ellas es el Gobierno Abierto. El propio nombre sugiere lo que es, a mí me gusta definirlo como la batería de iniciativas coordinadas que pretenden acercar la Administración al pueblo y templar relaciones bidireccionales. Numerosos países desarrollados y en vías de desarrollo ya han legislado sobre la materia, incluido el nuestro. Aunque silenciosamente, España ya va por su III Plan de Gobierno Abierto y desde 2011 forma parte del Open Government Partnership.

Los valores asociados al universo online (inmediatez, agilidad, automatización, globalidad) parecen colisionar con los que asociamos a la administración (burocracia, inefectividad, ineficiencia, visión parcelaria). ¿Significa esto que el sistema público está condenado a quedarse atrás? Al contrario, hay varios ejemplos sobre cómo se está adaptando a los nuevos tiempos. Bajo el paraguas del gobierno abierto, muchos países se esfuerzan en ofrecer mejores servicios al ciudadano de una manera más cercana. Aunque el tema no es nuevo, es una forma de compensar con creces la distancia que percibe la gente respecto del Estado desde los años de la crisis principalmente. Publicación de datos de las administraciones en formato abierto, ejercicios y auditorías de transparencia, modernización de la administración y fomento de la participación ciudadana serían algunos ejemplos de lo que se plantea con esta apertura. Llegamos tarde, como casi siempre, pero parece que llegamos. Si llegamos bien o mal ya es otra cosa.

Vamos a analizar algunos ejemplos en el ámbito del gobierno abierto, pero para más información, invito al lector a visitar las fuentes oficiales, pues al principio la amplitud y transversalidad del tema pudiera resultar algo difuso y las medidas llevadas a la práctica resultan de lo más diversas.

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Fuente: Ayuntamiento de Nerja.

Podríamos discutir el alcance de estas medidas, pero los efectos parecen objetivamente positivos. Mientras algunas reformas tienen un carácter más local y unas consecuencias más modestas (por ejemplo, en Londres: el “DataStore”, un portal avanzado de datos abiertos; o las “Redes de Innovación”, espacios para la generación de sinergias entre start-up’s), otras acaban con la reforma de la constitución. Curioso el caso de México DF, donde ni el gobierno municipal parecía tener muy clara la estructuración de su red de transporte público. Así, optaron por mapearlo y obtener la información de los propios usuarios, para a su vez ofrecer información más precisa y valorar futuras mejoras. Más cercano a nosotros, el Cuerpo Nacional de Policía solicita a menudo por medio de redes sociales colaboración ciudadana para, por ejemplo, encontrar a huídos de la justicia.

A un nivel más local, se pueden apreciar mejoras o cambios acaecidos en nuestros años de democracia. Uno que siempre me viene a la cabeza y que me gusta citar es la figura de El Defensor del Pueblo (Ararteko en Euskadi). Aunque sus dictados no son vinculantes, es elegido por el acuerdo de tres quintos del Parlamento, lo que garantiza a priori su imparcialidad. Se encarga principalmente de mediar en los conflictos de los ciudadanos con la administración, velando por la garantía de los derechos fundamentales de éstos.

Otro ámbito en el que se ha avanzado mucho es la rendición de cuentas. El desempeño de nuestras administraciones está al alcance de un clic hoy en día y la transparencia parece inundar el aparato cada vez a un nivel más profundo, aunque lejos de otros países como Reino Unido por ejemplo. Tener a disposición el CV o la declaración de bienes de altos cargos es algo que se da por hecho, siendo el portal de transparencia un espacio específico de muchas webs municipales en España, a pesar de que casos como los recientes pongan en tela de juicio la veracidad del contenido reflejado en dichos portales de transparencia (léase, los méritos reflejados en los CVs).

Podríamos seguir escarbando en busca de ejemplos y tendencias, pero no quisiera extenderme demasiado. Aunque la innovación en la administración pública puede sernos más difícil de proyectar que en el sector privado, es tan real como la de esta última. Aquel “ideas nuevas o creativas que generen valor añadido de manera sostenible y sostenida en el tiempo” parece más encorsetado o difícil de encajar en un entorno al que atribuimos los conceptos opuestos: muy procedimentado y cerrado, constante, antiguo, incluso anticuado; pero si analizamos con un poco de atención comprendemos que sí tiene cabida.

Hay cabida para la innovación en el sector público, en la Administración, en el gobierno, pero sin duda, hay necesidad de que el sector público innove, y lo haga de manera rápida. Hoy en día, políticos de todos los niveles están accesibles a golpe de tweet, aunque las mejoras más interesantes no son tan visibles para el público en general. La Administración está hoy más fiscalizada que el siglo pasado, pues no sólo se le exigen cuentas de lo que hace, sino que además hay cauces para actuar contra ella. Es también más cercana respecto del ciudadano y luce más legítima.

La clave es que el hecho de innovar le permite a la administración pública ser más eficaz y eficiente, resolver mejor los problemas del pueblo, ofrecer servicios (y productos) de mayor valor añadido y poco a poco replantear la relación ciudadano-Estado. En resumen, el objetivo último no es otro que lograr una mejor gobernanza. ¿Habemus innovación pública? Por supuesto, pero quedan muchas preguntas por plantear y más respuestas por hallar. Queda mucho por hacer.

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1 Response

  1. Miren Biotza Leniz dice:

    Tanta transparencia en las administraciones públicas, que al final se terminan cambiando los textos de muchas publicaciones. Deberían desaparecer las “comillas”. Funcionaria todo con más claridad y seguridad.

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