Yo soy feminista y tú… también. Aunque no lo sepas

Por Asun Ibañez, Directora Académica del Título Propio de Especialización en Innovación y Emprendimiento.

Asun Emprendedora Córdoba

 

El pasado 19 de octubre participé junto con mi compañera Mª Pilar Rodríguez en una mesa redonda sobre educación en el FORO ANDALUZ DE EMPRESARIAS Y PROFESIONALES, organizado por el Foro de Empresarias y profesionales de Córdoba, y al que nos invitó Yolanda Tomico. Allí tuve la oportunidad de volver a visitar una preciosa ciudad y conocer a mujeres emprendedoras estupendas como Isabel Guiberteau, Inmaculada Pérez, Mercedes Wullich, Juana Redondo, Carmen Murillo y Rafaela Mármol, entre otras, de las que recuerdo con mucho cariño a Juana, Carmen y Rafaela en especial. Se trata de mujeres del campo, algunas sin estudios, que se lanzan a la aventura de emprender pasada la mediana edad y me contaban sus historias llenas de perseverancia y trabajo duro con la satisfacción de ir consiguiendo pequeños logros día a día.

Fuente imagen: www.fepc.es

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Mientras preparaba mi intervención rescaté un estudio que hice en 2012 para Emakunde sobre una muestra de 226 alumnos de los grados de Turismo, Administración y Dirección de Empresa (ADE), ADE con Informática y ADE con Derecho de dos promociones distintas tomada en los cursos académicos 2010/2011 y 2011/2012 en la Universidad de Deusto en el campus de Donostia-San Sebastián. En esta investigación comprobaba que los chicos estaban más interesados en crear su propia empresa que las chicas, además de tener una mayor percepción de su propia capacidad para hacerlo que ellas. Además, los chicos mostraban puntuaciones más altas que las chicas en los siguientes factores de la actitud emprendedora: innovación, autoestima y tolerancia al riesgo. Por su parte, las chicas tenían puntuaciones más altas que los chicos en el factor motivación por el logro de esa misma actitud.

Contrasté con mis colegas el a priori hecho que parece indicar que las mujeres nos ponemos metas muy altas, queremos ser las mejores en todo (mejores madres, mejores parejas, mejores profesionales, mejores amigas…) y no nos conformamos con cualquier cosa. ¿Puede ser que ese nivel de autoexigencia esté mermando nuestra autoestima? Mercedes Wullich (Directora y Fundadora de la Revista Mujeres & Cia) nos dejó claro que no tenemos que ser perfectas, ni siquiera las mejores, sólo tenemos que ser “lo mejor posible”, la mejor versión de nosotras mismas.

 

Mercedes fue muy vehemente en su discurso, del que yo destacaría 4 ideas:

  1. “No quiero que me sigan preguntando por cómo llevo lo de la conciliación sino sobre lo que sé hacer”. Ella decía que hablar de conciliación es hacernos trampas porque siempre se pide que concilie la mujer. La conciliación debe llevar asociado hablar de corresponsabilidad: las dos personas que forman la pareja deben asumir las mismas responsabilidades. Y, hablando de preguntas que nos hacen a las mujeres y no a los hombres, os dejo un vídeo muy esclarecedor aquí. También he encontrado un estudio muy interesante en la Harvard Business Review sobre este tema. En este caso se trata de preguntas que las sociedades de Capital Riesgo formulan a las mujeres emprendedoras (preguntas de prevención que se centran en las pérdidas) y a los hombres (preguntas de promoción que se centran en las ganancias).
  2. “Elige bien tu pareja”. Parece obvio, pero no lo es. Si la persona que elegimos para compartir nuestra vida no está dispuesta a asumir su corresponsabilidad en nuestra aventura conjunta, es mejor buscar a otra o continuar solas. “O me aportas o te apartas” decía Mercedes. Y es que eso del príncipe azul o de la media naranja es un cuento chino que nos vende una sociedad interesada en perpetuar la supremacía del hombre frente a la mujer. Nacemos naranjas enteras, así que si has de buscar algo (que no hay por qué), busca otra naranja, o manzana, o cualquier otra fruta y haced un maravilloso zumo juntas… 

    Fuente imagen: www.st2.depositphotos.com

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  3. Las mujeres somos quienes tenemos la potestad de cambiar el mundo porque tenemos dos grandes poderes: educación y consumo. Eduquemos pues a nuestras hijas e hijos en el feminismo y penalicemos a aquellos productos y servicios que tienen comportamientos sexistas o machistas. La campaña #WomenNotObjects nos lo muestra muy clarito. No te gusta, boicotea. También Rosa Montero en su columna del País Semanal nos recuerda que “todavía no estamos seguras de nuestro propio valor”, y que ya va siendo hora de decir BASTA.
  4. La parábola de los talentos (de la que ya nos hablaba Elena Alfaro en una de sus visitas al campus): Mercedes decía que, por ejemplo, personas con el don de la palabra o aquellas en lugares visibles tenemos la responsabilidad de dar visibilidad y empoderar a otras. Así que seamos abanderadas del feminismo (recordad a la Sra. Banks de la película Mary Poppins). No nos relajemos ni autoengañemos creyendo que hemos alcanzado la igualdad porque no lo es y, si por un casual, la hemos alcanzado para nosotras (asegúrate de que no es una desigualdad encubierta del tipo “pagan lo mismo para el mismo puesto pero no puedo acceder a ese puesto”), seguro que hay miles de mujeres en el mundo que necesitan de nuestra lucha.

La buena noticia es que hay hombres maravillosos como los de la campaña #HeForShe que se declararan feministas porque buscan la liberación de las mujeres y la reivindicación de sus derechos y cuestionan la dominación y la violencia de los hombres sobre las mujeres y la asignación de roles sociales según el género. Así que sí, yo soy feminista y tú… también. Seguro.

PD. No me resisto a acabar este post sin las palabras de Eduardo Galeano sobre la Mujer sin Miedo y la imagen de Simone de Beauvoir.

 

Fuente imagen: www.revistabonaria.files.wordpress.com

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