24 de febrero. Martes I de Cuaresma
Vivimos rodeados de ruido, opiniones inmediatas y palabras que se multiplican en redes y conversaciones aceleradas. A veces hablamos mucho y escuchamos poco, también cuando intentamos expresar lo que llevamos dentro. En medio de esa saturación, crece el deseo de una palabra sencilla y verdadera.
El Evangelio propone una forma distinta de dirigirse a Dios, sin discursos interminables ni fórmulas vacías. Invita a confiar en que lo esencial ya es conocido y a pedir lo necesario con humildad, poniendo en el centro el pan compartido y el perdón ofrecido. La medida de nuestra relación con los demás se convierte así en el criterio de autenticidad de nuestra propia oración.
Quizá hoy podamos elegir menos palabrería y más verdad, menos apariencia y más coherencia. Intentemos cuidar el corazón, tratemos de reconciliarnos y pedir lo justo para todos. Intentemos vivir la fraternidad a la que nos invita Jesús.Feliz martes.
