29 de mayo.Viernes de la VIII semana del tiempo ordinario
Hay sitios que empezaron con una ilusión y poco a poco, con el tiempo, se han llenado de otras cosas. Lo que nació para encontrarse se convirtió en lugar de transacciones y prisas. A veces cuesta reconocer que algo que amamos ha perdido el alma.
Jesús llega al templo y lo que encuentra le parte el corazón, porque nadie ora, nadie escucha, nadie se detiene. La higuera sin higos y el templo sin oración le dicen lo mismo, que la vida sin fruto se marchita. Y entonces habla de fe, de esa confianza que no calcula y que mueve lo que parecía inamovible.
Hoy podríamos pararnos un momento y mirar lo que estamos construyendo. Podemos preguntarnos si nuestras rutinas, nuestros espacios y nuestras relaciones nos están dando vida de verdad. Podemos intentar que las cosas puedan ser distintas. Feliz viernes.
