2 de agosto, Domingo XVIII del tiempo ordinario.
Mientras unos acumulan y desperdician, muchas personas siguen esperando lo necesario para vivir. Nos acostumbramos a contemplar el hambre y la necesidad como problemas demasiado grandes. Pero ninguna multitud debería resultarnos ajena ni ningún sufrimiento inevitable.
Jesús contempla a la gente con compasión y pide a sus discípulos que no miren hacia otro lado.
Cinco panes y dos peces parecen insuficientes, pero al compartirlos alcanzan para todos.
El milagro comienza cuando alguien entrega lo poco que tiene.
Intentemos reconocer cuánto podemos aportar al bien común, aunque nos parezca pequeño. Se trata de poner nuestros recursos, nuestro tiempo y nuestras capacidades al servicio de quienes los necesitan. Cuando compartimos, la escasez puede convertirse en abundancia. Feliz domingo.
