20 de septiembre, domingo XXV del tiempo ordinario
Vivimos comparándonos. Miramos lo que tenemos, lo que hacen otros y lo que reciben, y enseguida hacemos cuentas. Nos cuesta aceptar que alguien pueda recibir más de lo que, según nuestros criterios, creemos que merece.
Jesús habla de unos jornaleros que llegan a distintas horas y reciben el mismo salario.
No pretende ofrecernos una lección de economía, sino mostrarnos a un Dios cuya bondad no funciona según nuestros cálculos. El problema de los primeros no es haber recibido poco, sino no soportar que otros también reciban mucho.
¿Podríamos vivir sin medirnos constantemente con los demás? Podríamos intentar alegrarnos del bien que reciben otros y reconocer agradecidamente el que nosotros hemos recibido. La vida se ensancha cuando dejamos de calcular y empezamos a agradecer. Feliz domingo.
