30 de mayo. Sábado de la VIII semana del tiempo ordinario
Vivimos en un tiempo en que la autoridad se confunde a menudo con cargo, visibilidad o capacidad de imponer. Se reclama obediencia antes que coherencia, y se pregunta quién manda más que quién sirve mejor.
Jesús es cuestionado por quienes temen perder el control sobre lo sagrado y sobre la gente.
Él no entra en su juego, sino que desenmascara una autoridad incapaz de responder con libertad. Su silencio final muestra que no toda pregunta busca la verdad, ni todo poder tiene legitimidad.
Hoy podríamos revisar desde dónde hablamos, decidimos y acompañamos a los demás.
Estaría bien que nuestra autoridad no se apoye en el miedo, sino en la coherencia, la escucha y el cuidado compartido. Feliz sábado.
