22 de julio, miércoles de la XVI semana del tiempo ordinario
Vivimos rodeados de prisas, mensajes y relaciones superficiales que pueden hacernos sentir invisibles. Con frecuencia miramos a las personas sin detenernos a reconocer su historia, su dolor o su esperanza.
María Magdalena busca entre lágrimas y no reconoce a Jesús hasta que él pronuncia su nombre. Aquella voz transforma su tristeza, abre sus ojos y la impulsa a compartir una noticia llena de vida.
Hoy podríamos intentar mirar con atención, llamar a cada persona por su nombre y a escuchar sin prejuicios. Se trata de ser capaces de acompañar el dolor hasta que pueda abrirse de nuevo un camino de esperanza. Feliz miércoles.
