26 de octubre, lunes XXX del tiempo ordinario
Hay dolores que nos doblan el cuerpo y cargas que nos van encogiendo la vida. A veces, a la enfermedad se añaden la soledad, la incertidumbre o la sensación de ser una molestia. Necesitamos que alguien nos mire, se acerque y nos haga sentir que seguimos contando.
En el evangelio de hoy, Jesús ve a una mujer encorvada, la llama y le dice «Mujer, quedas libre de tu enfermedad». Su sufrimiento no puede esperar a que termine el sábado. En ese gesto podemos reconocer una fe que devuelve dignidad y una manera de vivir la religión que pone el cuidado de las personas en el centro.
Hoy podemos preguntarnos a quién podemos ayudar a levantar la mirada. Quizá no podamos quitar su enfermedad, pero sí aliviar su soledad, escuchar sin prisas o facilitarle la vida. Podemos hacer que alguien encuentre un poco más de libertad y menos peso sobre sus hombros. Feliz lunes.
