25 de septiembre, sábado XXV del tiempo ordinario
La vida y las tecnologías nos han rodeado de respuestas rápidas y, sin embargo, seguimos teniendo preguntas que preferimos no formular. A veces intuimos que detrás de ellas hay verdades que pueden incomodarnos, cuestionar nuestras seguridades o pedirnos cambiar.
Los discípulos tampoco entienden las palabras de Jesús y tienen miedo de preguntarle. El Evangelio no oculta su desconcierto y nos recuerda que la fe no consiste en comprenderlo todo, sino también en permanecer cerca cuando todavía no vemos claro.
Hoy podríamos intentar recuperar el valor de preguntar que tuvimos de pequeños. Se trata de escuchar y dejarnos sorprender por respuestas que no habíamos previsto. No huyamos demasiado pronto de aquello que nos desconcierta, porque también ahí puede abrirse un camino nuevo. Feliz sábado.
