6 de junio. Sábado de la VIII semana del tiempo ordinario.
Vivimos rodeados de gestos visibles, discursos cuidados y apariencias de compromiso.
A veces se valora más lo que se muestra que lo que se entrega en silencio.
Y, sin embargo, lo decisivo suele nacer lejos de los focos y del aplauso.
Jesús desenmascara una religiosidad que busca prestigio mientras descuida a los frágiles.
Después mira a una viuda pobre y descubre en sus dos monedas una entrega inmensa.
No cuenta la cantidad, sino la verdad de un corazón que da desde su propia necesidad.
Aprendamos a mirar mejor los gestos pequeños que sostienen la vida común.
No midamos a las personas por lo que aparentan, sino por la hondura de lo que comparten.
Intentemos cuidar lo importante con generosidad. Feliz sábado.
