25 de mayo. Bienaventurada Virgen María, Madre de la Iglesia
En un tiempo de vínculos frágiles, muchas personas buscan un hogar afectivo donde sentirse sostenidas. La soledad, el cansancio y la incertidumbre nos recuerdan que nadie puede vivir solo del todo. Necesitamos aprender de nuevo a cuidarnos como familia humana.
Al pie de la cruz, Jesús no deja solo a nadie y crea una nueva relación de cuidado.
Entrega a su madre al discípulo amado y al discípulo le confía a su madre como algo propio.
Incluso en la hora del dolor, brotan una casa, una pertenencia y una esperanza compartida.
Hoy podríamos mirar a quienes tenemos cerca y preguntarnos quién necesita ser recibido como propio. Hagamos de nuestros espacios lugares donde nadie quede fuera, solo o abandonado. Feliz lunes.
