8 de agosto, sábado XVIII del tiempo
Vivimos rodeados de problemas que parecen demasiado grandes para nosotros. Guerras que no terminan, desigualdades que se enquistan y situaciones personales que a veces nos hacen sentir impotentes. Ante ciertas montañas es fácil pensar que podemos hacer poco.
Jesús habla de una fe pequeña como un grano de mostaza, pero capaz de mover montañas. No se trata de tener grandes seguridades, sino de confiar lo suficiente como para dar un paso, intentarlo de nuevo y no dejar que la dificultad tenga la última palabra.
Quizá hoy podamos mirar alguna de esas montañas que tenemos delante y preguntarnos qué pequeño gesto está en nuestras manos. Una llamada, una conversación, una decisión o simplemente volver a intentarlo pueden comenzar a cambiar las cosas. Feliz sábado.
