4 de septiembre, viernes XXII del tiempo ordinario.
Hay momentos en los que queremos que algo cambie, pero sin cambiar nosotros. Estrenamos curso, hacemos nuevos propósitos, hablamos de empezar de nuevo, pero seguimos viviendo con las mismas rutinas, resistencias y maneras de hacer de siempre.
Jesús dice hoy que el vino nuevo debe echarse en odres nuevos. No basta con poner un pequeño remiendo a lo de siempre. Acoger la novedad del Evangelio supone dejarnos transformar, revisar aquello que ya no ayuda y atrevernos a hacer las cosas de otra manera.
Quizá este comienzo de septiembre sea una buena ocasión para preguntarnos qué necesita renovarse en nuestra vida. Alguna costumbre, una relación, nuestra forma de trabajar o incluso nuestra manera de vivir la fe. Lo nuevo necesita espacio para poder crecer. Feliz viernes.
