25 de febrero. Miércoles I de Cuaresma
Vivimos rodeados de señales y notificaciones que reclaman nuestra atención constante. Pedimos pruebas inmediatas antes de confiar y resultados visibles antes de comprometernos. En medio de tanto estímulo, quizá hemos olvidado cómo escuchar lo que ya está ocurriendo ante nosotros.
El texto evangélico describe a una generación que exige signos extraordinarios para creer.
Se recuerda a Jonás y a la reina del Sur como ejemplo de quienes supieron acoger una palabra y dejarse transformar. La llamada no es a buscar prodigios, sino a reconocer la presencia y la sabiduría que ya se nos ofrecen.
Tal vez también nosotros esperamos señales espectaculares para decidirnos a cambiar.
Podríamos aprender a leer los pequeños gestos que nos interpelan cada día y a responder con honestidad. Que sepamos abrir los ojos y el corazón a lo esencial que ya nos rodea. Feliz miércoles.
