31 de mayo. Domingo de la VIII semana del tiempo ordinario. Santísima Trinidad
Vivimos tiempos en los que resulta fácil mirar el mundo con cansancio, sospecha o juicio.
Las noticias, los conflictos y las heridas compartidas pueden hacernos pensar que todo está perdido. Pero quizá lo primero que necesitamos no es condenar más, sino aprender a amar mejor.
El Evangelio nos recuerda que Dios no se distancia del mundo ni lo abandona a su suerte.
Lo ama tanto que se entrega por él, no para juzgarlo, sino para abrirle un camino de vida.
Creer es acoger esa confianza que salva y nos permite mirar la realidad con esperanza.
Hoy podríamos elegir una mirada menos dura y más comprometida con lo que nos rodea.
Podríamos intentar amar este mundo herido sin ingenuidad, pero también sin renunciar a cuidarlo y mejorarlo. Feliz domingo.
