En los últimos años se ha escrito mucho sobre el miedo. Sociólogos y pensadores nos han hablado sobre el miedo en medio de la sociedad y como mecanismo de control social. Ese miedo también se mete en nuestros huesos. Hasta Yoda en la Guerra de las Galaxias nos habla del miedo: El miedo es el camino hacia el lado oscuro, el miedo lleva a la ira, la ira lleva al odio, el odio lleva al sufrimiento, el sufrimiento al lado oscuro.
Jesús hoy nos dice hasta 3 veces que no tengamos miedo haciendo referencia a miedos legítimos de toda vida. Pero el miedo son esas cuerdas que nos amarran y que nos impiden avanzar en la vida. El miedo nos aleja de los demás y nos encierra en nosotros mismos.
Quitar el miedo no es fácil. Se trata de una capacidad espiritual en la que sin ser insensatos se ve la realidad en una mayor profundidad. Se trata de encontrar caminos de esperanza empujados por una fe que sostiene la confianza en el otro. Ahora el virus ha hecho crecer el miedo en nosotros, pero tenemos esperanza en que podamos vencer ese miedo a lo incierto.
En este tiempo de pandemia hemos descubierto nuevas facetas del agobia. Veníamos de un tiempo en que el agobio venía del trabajo, estudio, las prisas y agendas imposibles. Ahora se añade un nuevo factor de temor que es el de la salud y el cuidado de la gente, donde los agobios y preocupaciones van entorno a afrontar el virus y sus efectos. Y un último factor es el de la incertidumbre, ¿qué pasará en el futuro cercano?
Jesús nos invita a liberarnos del agobio por la vida y lo hace con una mirada a la naturaleza. La preocupación por el mañana nos hace olvidadizos del hoy y nos impide disfrutar y ocuparnos de lo que hoy vivimos. Se trata de hacer un ejercicio espiritual para profundizar en nuestra libertad.
Librarnos de los agobios en primer lugar supone reorientar la vida hacia la causa del Reino, en ese camino encontramos la libertad frente a las preocupaciones porque ganamos en gratuidad. No todo depende de nosotros, sino que lo más importante es vivir esa gratuidad de la vida como gran regalo que se nos da para compartir y disfrutar juntos.
Se da por concluido el estado de alarma: Hoy es un día diferente. Apenas llevamos 12 horas de haber estrenado la “nueva normalidad”. Quisiera llamar tu atención al modo de comunicar hace unos días una noticia tan importante como esta: 1) “Poned atención y escuchad; tengo algo importante que deciros”; 2) “se acaba de hacer público que…”; 3) “a partir de ahora, el que quiera puede…” Estas tres expresiones evocan las tres fases comunes a otros muchos anuncios. Primero, se prepara a la audiencia, luego se informa del contenido y, para terminar, se apuntan algunas consecuencias. Esta estructura ayuda al anuncio de que se acabó “el estado de alarma” y a tantos otros anuncios.
Esta estructura también sirve para interpretar el evangelio de hoy. Primero, Jesús exclama ante sus discípulos que Dios se ha expresado, que ha manifestado su voluntad. Segundo, Jesús viene al grano y desvela que el Plan de Dios ni de lejos se parece a lo que nos temíamos: será mucho mejor de lo que nos cabía esperar, dijeran lo que dijeran Juan Bautista o los fariseos. Tercero, el evangelio concluye proponiendo que acudamos a Jesús para comprobar.
Este simple análisis se enriquece en los detalles. Primero, el evangelio comienza con una bendición. El gozo de Jesús y no los gritos es aquello que atrajo la atención de sus discípulos: Jesús exulta de júbilo. Segundo, el evangelio continúa con la revelación del misterio: dice que Dios es un “Padre” especial y que este “Padre” confía plenamente en su Hijo predilecto. Caer en la cuenta de esto es a lo que el evangelio llama Sabiduría. En efecto, Jesús menciona demasiadas veces al Padre, al menos cinco veces en tan solo tres versículos, para pensar que otra palabra como “corazón” pueda ser el contenido de su mensaje. Tercero, el evangelio concluye con una invitación: Jesús explica por qué invita a los cansados por el trabajo y a los agobiados por las expectativas, porque su anuncio es para Marta y para María.
Resumiendo, este pasaje consiste en un desvelar cómo es Dios: básicamente Jesús se muestra a sí mismo y nos dice cómo es su Padre. Al hacerlo nos deja una evidencia extraordinaria: chequead, testead, comprobad cómo es mi corazón. Eso es precisamente lo que un discípulo hizo yendo a reclinar su cabeza sobre el pecho de Jesús. Y los latidos que escuchó fueron esto: manso y humilde. Así también es el corazón de Dios.
¿Cómo rezamos? En la hipótesis de que recemos o hagamos oración o como queramos llamarle, es interesante preguntarnos por el ¿cómo? Y en este ámbito voy aprendiendo que cada uno tiene su propio modo de rezar. De hecho es como el modo en que cada hijo/a se relaciona con sus padres, cada cual a su estilo.
Pero me temo que el asunto hoy en día se juega tanto en el mismo orar que el cómo se ora. Nuestra mirada a la profundidad, nuestra capacidad de parar, de respirar, de reflexionar, de dejarnos inspirar en algún modo están condicionadas por la prisa y por la autosuficiencia de que hay cosas más urgentes/importantes que dejar que Dios entre en nuestra vid.
Hoy Jesús nos enseña el Padre Nuestro, una oración de vida para la vida. Una oración que en la tradición ya se ha convertido en común y que nos da el nuevo paso de orar a la vez. Es la oración del pan para todos, la oración de la reconciliación y la oración de que todos somos hermanos y hermanos. ¿No es esto suficientemente radical para nuestro tiempo?
Lo que conocemos como postureo no es sólo cosa de redes sociales, sino que es tan viejo como el ser humano, tal y como lo podemos observar en el evangelio de hoy. Hoy está potenciado por las redes sociales cuyo uso intensivo nos ha incorporado un neologismo que es la palabra extimidad, que consiste en exhibir lo íntimo.
Jesús nos invita a que lo que hagamos sea, no para que nos vean, sino por el convencimiento de nuestra relación con Dios y con los prójimos. Significa ganar libertad frente a lo políticamente correcto y posicionarse en la vida con la sencillez y profundidad del Evangelio.
El objetivo no es ganar reconocimiento social a través del número de «like» que recibo. El objetivo es la vida verdadera, la vida libre. Y en ello tenemos que estar muy atentos, porque siempre necesitamos aprobación de los otros, pero ello no significa que tengamos que estar en esa actitud adolescente de búsqueda incansable de la aprobación. Ser libre es ser sujeto de las decisiones que uno toma, ¿te animas?
Cuando leemos la palabra perfecto en nuestra imaginación aparecen cosas que no necesariamente hablan de Dios. Más bien hablan de algunas idealizaciones y de imágenes nuestras en un espejo que nos habla de nuestro cuerpo, de nuestro estatus y de nuestra virtud.
Jesús propone la perfección en el amor que traspasa las fronteras hasta más allá del enemigo. El espejo no es uno mismo, sino el Padre que tanto amó al mundo. Jesús esto lo vivió en su camino al Gólgota, y en algún modo es una de las esencias del Evangelio.
Amar a fondo es poner patas arriba nuestros esquemas. Significa abrir la ventana al Espíritu para que nos desinstale y nos ponga en un camino que tiene como horizonte el encuentro. Ese camino no necesita de cosas, sino que el único equipaje es un corazón libre y dispuesto a amar.
El evangelio de hoy nos pone ante una de los retos más grandes que es el de poner la otra mejilla a quien nos agrede. Siempre lo hemos justificado de mil y una maneras para no hacerlo porque se nos hace evidente que no puede ser así y que es de tontos hacerlo.
En un mundo donde el centro es el Yo, se hace todavía más difícil entender que el centro es el otro. El otro, no es necesariamente bueno ni virtuoso, simplemente es el otro. El punto es que convivir conlleva tener conflictos y la cuestión es cómo gestionamos los conflictos.
Vivir en una competición para ver quién es el más fuerte y para ello tener que imponerse se ha visto y se ve que suele generar y agravar los conflictos. En una dinámica de desarmar las manos y las palabras y en un ejercicio de acogida del otro, vemos que es más fácil convivir. ¿Cómo podemos vivir juntos?
Se ve que el ser humano en general es de memoria frágil. Aún apenas estamos cambiando de fase y vemos claros signos de olvido de lo que hemos pasado hace nada. Vivimos una tensión de volcarnos hacia el futuro y pasar el momento difícil. El problema es que en ese ejercicio de olvido solemos olvidarnos de las víctimas de estas situaciones.
La primera lectura nos invita a recordar el camino hecho, pero en una cultura olvidadiza como la nuestra recordamos también a las víctimas de nuestra gran familia humana. En este día del Corpus Christi, Pablo nos invita a sentirnos como una gran familia, avivirnos como unidad, en esa unidad no caben los apartados y los excluidos.
Seguir el camino significa aprender de lo ya caminado, significa reconocer a quienes caminan con nosotros ya que compartimos un mismo destino. Hoy podemos hacer un ejercicio de memoria e imaginarnos unidos a todas las personas del mundo, y sentirnos uno en el Cuerpo de Cristo, es decir en el deseo de Dios para que compartamos nuestra mesa como una gran familia.
Da la impresión de que vivimos con excesos de palabras. Palabras que disimulan la realidad, palabras que prometen imposibles y palabras que juzgan superficialmente.Ahora más que nunca estamos sometidos a una altísima exposición de palabra gracias a los medios de comunicación social y redes sociales.
Jesús hoy nos recuerda el camino de la simplicidad, si o no. Un camino que no huye de profundidad, sino que la ahonda. Ser capaces de vivir en la realidad, sin disfraces y con honestidad es uno de los grandes retos en el mundo de las apariencias.
Podemos aprender con los grandes pintores, que a medida que evolucionan en su arte, son capaces de simplificar sus trazos para desvelarnos su verdad con más profundidad. Y como todo arte, necesita experimentación, necesita ejercicio para que en la vida nos baste decir «si» o «no».
Las estadísticas nos pusieron sobre aviso, cuando se publicaron para el caso de Wu-han y de Corea. Otra consecuencia del confinamiento en el domicilio familiar resultaba ser, una vez concluidas las restricciones, el aumento de las solicitudes de divorcio. La vida de pareja padece tensiones especiales, cuando la convivencia no solo se confina y estrecha; sino que se ve desposeída de la libertad, experimentándose incluso forzada.
No solo por este motivo, el evangelio acerca del divorcio y del adulterio adquiere tonalidades especiales hoy, también por causa de su emplazamiento en el calendario litúrgico. El domingo pasado y su evangelio, el próximo domingo y su evangelio proporcionan un contexto extraordinario. La recientemente celebrada solemnidad de la Santísima Trinidad y la inmediata solemnidad del Corpus Christi encuadran el evangelio que meditamos esta mañana. Dios y hombre al encuentro.
Por aquel lado, la idea de comunión con el otro; por este lado la idea de integridad consigo mismo. La idea de comunión caracteriza el misterio de Dios-Trinidad: contrasta muy al vivo con la situación, donde un cónyuge repudia al otro. Por este lado, la idea de una unión integral caracteriza el misterio del Cuerpo y Sangre de Cristo, pero contrasta tan vivamente con el precepto “más te vale perder un miembro, que ser echado entero en el Abismo”.
El evangelio donde se prescribe: “no cometerás adulterio” no es un evangelio ético primeramente; es un evangelio teológico. Expresa algo del Misterio de Dios y expresa algo del Misterio del ser humano (hombre-mujer). El evangelio de Jesús que añade: “Pues yo os digo…” se sostiene sobre una visión insólita, inaudita aún para los profetas: Por grandes que sean nuestras faltas y pecado, Dios no se retira de su alianza.
Dios no es como los varones que conversaban a Jesús. Como Pueblo que se escogió, Dios no nos repudiará. Dios ni nos escogió por nuestros méritos, ni nos rechazará por nuestros pecados. No importa cuán grandes sean. Por otro lado, Jesús expone la vocación de los esposos (“serán un solo cuerpo”) mediante la imagen del Cuerpo en su integridad: está irrigado por una y la misma sangre.
La figuración bíblica del esposo (Cristo) fiel con la esposa (la Iglesia) y la imagen del cuerpo que se entrega, de la sangre que en la Cruz se derrama para que tengamos Vida, nos pueden acompañar en la oración de este día.