1 de septiembre, martes XXII del tiempo ordinario.
Vivimos rodeados de palabras. Opiniones, mensajes, discursos y promesas ocupan buena parte de nuestros días, pero no todas dejan huella. Hay palabras que llenan espacio y otras que, cuando son verdaderas, consiguen levantarnos, abrir caminos y transformar la vida.
El Evangelio cuenta que la gente se quedaba asombrada al escuchar a Jesús porque hablaba con autoridad. No necesitaba imponerse ni levantar la voz. Su autoridad nacía de la coherencia entre lo que decía y lo que hacía, y por eso su palabra era capaz de liberar a quien estaba atrapado.
Quizá hoy podamos preguntarnos qué provocan nuestras palabras en quienes nos rodean. Podemos utilizarlas para herir o para cuidar, para dividir o para acercar, para desanimar o para devolver confianza. Que nuestras palabras hagan un poco más habitable la vida de los demás. Feliz martes.
