Reflexiones desde mi Confinamiento IV (y último)

Sí, esta va a ser mi última entrega de esta serie. Y, obviamente, la reflexión es sobre la desescalada y el poco tiempo que tardamos en olvidar. Lo siento, os voy a hacer un spoiler… Acaba con un cabreo de narices…

El 13 de marzo (parece que fuera hace una eternidad) nos fuimos a casa, para comenzar un confinamiento en el que nos echamos las manos a la cabeza por las personas que compraban papel higiénico a raudales y con unos políticos que parecían más colaboradores de programas como Sálvame, en los que tiene razón el que más alto chilla o más reconocimiento el que más mierda echa sobre el resto. Todas esas personas nos daban vergüenza ajena y nos enfocamos en descubrir y participar de oleadas de pequeños gestos solidarios, nos habituamos a aplaudir la meritoria labor de nuestrxs sanitarixs, cuidadorxs de residencias y trabajadorxs de los sectores esenciales que nos abastecían, cuidamos y protegimos a nuestras personas mayores, ejercimos de “policías de balcón” para denunciar comportamientos peligrosos para la comunidad, nos conectábamos periódicamente con amigxs y familiares a través de una pantalla para que supieran que seguíamos ahí, echándoles de menos, establecimos rutinas de ejercicio para mantenernos en forma, practicamos hobbies para los que antes no teníamos tiempo y, quienes tuvimos la suerte de poder trabajar/estudiar en remoto, lo hicimos metiendo más horas que nunca con la satisfacción de estar dando lo mejor de nosotrxs mismxs por el bien de la comunidad. Incluso, tal vez, más de unx, siguió el consejo de José Pepe Mujica y aprovechó el encierro para abrazarse a sí mismx.

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Eso nos hizo soñar a más de unx con un futuro mejor, en donde la humanidad aprendería a pensar en el prójimo y se preocuparía por la dimensión comunitaria, colaborando, cooperando, abandonando comportamientos individualistas y consumistas para cuidarnos unxs a otrxs, porque nos sabíamos vulnerables como seres individuales y poderosos como comunidad. Y, de repente…, llegó la desescalada… y todo se desvaneció:

  • Nos abrieron unos tramos horarios por perfil de personas y nos lanzamos todxs a la calle. Normal, llevábamos meses confinados y lo necesitábamos por salud mental y física.
  • Abrieron terrazas con restricciones y empezamos todxs a quedar con nuestrxs colegas. Normal, llevábamos meses sin vernos y lxs echábamos de menos.
  • Abrieron comercios y la hostelería y comenzamos a consumir todxs. Normal, hay que apoyar al comercio local.
  • Reabrieron el trabajo presencial en las empresas y comenzaron a finalizar ERTEs y volvimos todxs a nuestros puestos. Normal, tenemos que recuperar nuestro trabajo.
  • Permitieron la movilidad, primero dentro de y luego entre comunidades autónomas y condujimos todxs kilómetros para visitar a quienes hacía tiempo no veíamos, o pasar un fin de semana de ocio. Normal, hay que reactivar la economía.
  • Reapertura de playas, parques infantiles, discotecas, aeropuertos… y un largo etcétera hasta completar la “nueva normalidad”. Normal, todxs soñamos con volver a lo que era.

Y sí, todo ello es normal y comprensible. Admito que yo soy la primera que añoraba todas y cada una de esas libertades. Todo normal, salvo la “nueva normalidad” que, de normal no debería tener nada porque, en caso contrario, ello sólo reflejaría que no hemos aprendido NADA.

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Son 3 reglas básicas: distancia física de seguridad (no me gusta el término “distancia social” porque creo que debemos y podemos tener cercanía social), mascarilla y limpieza de manos. Pues nada, que debemos ser todxs tontxs, oye, ni estas 3 reglas básicas sabemos seguir…

A ver, vamos a ver si lo consigo explicar bien… En sitios cerrados no hay distancia física que valga, la mascarilla es lo más eficaz. Y al aire libre, como en muchos espacios, tampoco podemos garantizar esa distancia de seguridad, por lo que la mascarilla sería todo un detalle por tu parte… Yo no te contagio, tú no me contagias, gracias. 

De las personas que han fallecido hasta que hemos empezado la desescalada no somos responsables, de las que mueran a partir de entonces, si no sigues esas 3 reglas básicas, sí. Tú serás responsable. Puede que no te duelan porque no lxs conoces, para tí son sólo un número. No te preocupes, en algún momento conocerás a alguien o, tal vez, sea tu nombre. Es sólo cuestión de tiempo. Con dirigentes crispados y temerarios que sólo miran por intereses políticos y económicos y personas que sólo se preocupan de sí mismas, es sólo cuestión de tiempo que tengamos un rebrote o, incluso, una nueva pandemia, quién sabe si, incluso, peor que la primera… De que hayamos tenido que estar confinados durante dos meses no somos responsables, de que nos vuelvan a mandar a casa, de que muchas empresas puedan desaparecer, y de que tú pierdas tu empleo y tu empresa tenga que dar el cierre definitivo, sí. Tú serás responsable. Hala, ahora todxs a la calle, a esparcir vuestrxs virus y contagiaros con lxs del resto…

PD. Si vas a salir conmigo y no tienes para pagar una mascarilla, no te preocupes, yo invito.

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1 respuesta

  1. 22 junio, 2020

    […] “Reflexiones desde mi Confinamiento IV (y último)” publicado en INNOVANDIS – 19 JUNIO, 2020 […]

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