Reflexiones desde mi Confinamiento III

Como el confinamiento ha sido largo, también mis reflexiones han dado para mucho… y ya voy por la tercera entrega. Esto va a ser más largo que cualquier serie de esas a las que seguro que estáis enganchadxs…

En la primera reflexión compartía cómo lo estaba viviendo a nivel personal, en la segunda cómo lo estaban viviendo mis estudiantes, y en esta ocasión pretendo reflexionar sobre los aprendizajes que extraigo de una docencia en remoto para una futura docencia híbrida.

El 4 de febrero de 2020 el Dr. Albert Sangrá, director de la Cátedra UNESCO en Educación y Tecnología para el Cambio Social de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC), nos dio en la Universidad de Deusto una charla sobre la “Transición a la Docencia en Línea”. En febrero todavía no nos habíamos confinado, pero ahora retomo las notas de esa ponencia y las contrasto con mi experiencia de impartir docencia en remoto durante el confinamiento. 

El Agua, Vaso De Agua, Beber, Refresco, Copa De Vino
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Se atribuye al historiador Plutarco (46 o 50 d.C. – 120 d.C) la frase ”el cerebro no es un vaso por llenar, sino un fuego por encender” y eso, nos reta a lxs docentes a despertar la curiosidad de nuestrxs estudiantes. Unxs jóvenes que el Dr. Sangrá nos describía como conectadxs permanentemente (con el riesgo que eso tiene de acceso a fake news y a la infoxicación), sobreestimuladxs, haciendo muchas cosas a la vez, distraídxs fácilmente, profundizando poco, exigentes y exigiendo inmediatez. ¿Cómo despertamos la curiosidad (a veces de materias nada atractivas) de ese colectivo?

A la vez, el Dr. Sangrá nos listaba, citando a Redecker et al. (2011), los pilares del futuro del aprendizaje:

  • Flexibilidad: Burge, Cambell Gibson & Gibson (2011)
  • Personalización: Buchem, Attwell & Torres-Kompen (2011)
  • Interacción: Garrison & Anderson (2011)
  • Colaboración: Dillenbourg (1999); Guitert (2014)
  • Informalización: Cross (2007, 2010); Redecker et al. (2011)

En mi post “Reflexiones desde mi confinamiento II” ya os contaba que mis estudiantes opinaban que estudiar en remoto les había exigido ser más madurxs y responsables, les había ayudado a desarrollar su disciplina, a planificarse mejor y a trabajar de una manera más continuada, no dejando todo para el último momento, pero que echaban de menos nuestro contacto.

Con todo esto, yo me pregunto: ¿podemos construir un nuevo escenario híbrido con lo positivo de nuestra, hasta ahora, presencialidad, y lo positivo de nuestro nuevo remoto? Mi opinión es que sí. Que nos puede permitir ser más flexibles, incrementar la personalización, la interacción, la colaboración y la informalización. Si genero recursos para el aprendizaje autónomo en remoto de mis estudiantes y me junto con ellxs presencialemente, menos horas, pero en grupos más pequeños, les “obligo” a entrenar esa responsabilidad, disciplina, planificación y trabajo continuo en ese aprendizaje autónomo que necesitarán para toda su vida. Además, al atenderles de una manera más personalizada, permitimos que todxs ellxs interaccionen y colaboren más conmigo y sus compañerxs y, todo ello, de una manera más informal y flexible. Incluso, me atrevo a decir, que podría despertar mejor su curiosidad por mi materia.

Tinta, Pintura, Agua, Gota, Acuarela, Saltar
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Sólo me queda una cosa pendiente que la experiencia en remoto no me ha ayudado a solucionar, al contrario, ha empeorado: ¿cómo evaluamos a personas que buscan el éxito a corto plazo con el menor esfuerzo posible dispuestas a valerse de la picaresca y actuaciones no éticas, mezcladas con personas trabajadoras, responsables con su propio aprendizaje que se esfuerzan y comportan de manera ética?

La evaluación en presencial nunca ha garantizado que no exista la copia en los exámenes. Tenemos cientos de ejemplos de fórmulas para copiar en un examen, estudios sobre el plagio y su impacto a nivel académico y profesional, incluso de hasta dónde llega lo vagas que son las personas que se comportan de esta manera que hace que sea facilísimo identificarlas. Ha habido instituciones académicas que han hecho firmar a sus estudiantes un acuerdo por el que se comprometen a no copiar, a pesar de que existen estudios que indican que eso no garantiza la reducción de ese tipo de comportamientos, incluso sucede lo contrario.

En el País Vasco, incluso, las sospechas de fraude en las oposiciones de Osakidetza forzaron a la dimisión de su directora. Pero es que, este tipo de fraude en los exámenes es un negocio y hay quienes ganan dinero directamente, como el negocio que tenían montado siete personas a cuenta de los exámenes de conducir, o clientes indirectamente cuando es una academia la que filtra un examen. En este último ejemplo, la Universitat Politècnica de Catalunya (UPC) desestimó la posibilidad de abrir un expediente a sus estudiantes, vista la colaboración de estos en todo el proceso. El artículo cita las palabras del rector de la UPC, Antoni Giró, quien considera que desde hace tiempo algunas academias han traspasado la línea roja: «La competencia entre las propias academias, los incentivos para conseguir el mayor número de aprobados entre sus matriculados y el deseo de captar más alumnos han llevado a una actuación como ésta, con un comportamiento indigno porque se actúa con premeditación y de forma planificada». 

Y, si seguimos buscando noticias relacionadas con este tema o preguntamos a nuestro alrededor, seguro que damos con más ejemplos similares. ¿Qué vende una persona o una academia que es capaz de involucrase en este tipo de actuaciones? ¿Te explico para que puedas aprender bien o te ayudo a aprobar de la manera más fácil y con el menor esfuerzo posible? Eso sí, a cambio de dinero. Lxs estudiantes que se prestan a seguir este atajo para conseguir una recompensa a corto plazo (aprobar un examen) deberían pedir que, por el mismo precio, esa persona o academia les aseguren que en un futuro tienen un puesto de trabajo para ellas y/o que serán sus clientxs fieles porque yo, desde luego, jamás contrataría ni recomendaría a una persona que no tiene las competencias profesionales mínimas.

Lamentablemente, hemos podido comprobar que la evaluación en remoto favorece este tipo de comportamientos no éticos (incluso entre aquellxs estudiantes que, en presencial ni se lo habrían planteado). Yo lo he vivido como profesora y como familiar de jóvenes. Si a mí, me han llegado links a páginas web o tutoriales que enseñan cómo copiar, cómo engañar a una cámara, dónde encontrar las respuestas a un examen, cómo identificar la respuesta correcta en un examen tipo test… no quiero saber qué no tendrán todxs mis estudiantes. Y, sabiendo que un colectivo de mis estudiantes estaban aprovechando la situación para sacar provecho de ella, he priorizado acompañar a quienes no lo estaban haciendo, a quienes han soportado estoicamente la situación que nos ha tocado vivir, dando lo mejor de ellxs mismxs, trabajando sin descanso y bajo una presión que no merecían. A los otrxs, sólo quisiera dejarles esta reflexión: cuando en un futuro lleves a tu hijx a una operación a vida o muerte, reza para que el/la médica/o en cuyas manos esté, no haya sido como tú y haya sacado la carrera copiando en los exámenes, espero que ese pensamiento te permita vivir en paz.

Hoy que la consejera predecía en los medios un comienzo de curso completamente presencial, mi propuesta para mis estudiantes (no para la educación preuniversitaria, ni siquiera para la universitaria en general, ni para mi universidad, ni mi facultad, aunque en estos dos ámbitos me encantaría que hiciesen esta reflexión conmigo), es NO volver al pasado, redescubrir una nueva forma de hacer, experimentar una nueva experiencia de usuario a la que presagio un mayor valor añadido. Quiero andar con vosotrxs la sabiduría del “no saber” que describe José María Toro en su libro “La Sabiduría de Vivir”: “la sabiduría cumple su función más esencial cuando nos enseña a vivir y cuando nos instruye a partir de cuanto vivimos”. Eso es mágico y la magia es ese “estado de conciencia, modo de ver, acercarse, tocar y transformarlo todo”. Trabajar esa sabiduría va más allá de trasmitir conocimientos, es entrenar valores y actitudes y, eso, sólo se puede trabajar de manera experiencial, nunca en remoto.

Quiero volver a veros a todxs, volver a sentiros cerca. Quiero sentir y gustar las cosas internamente con vosotrxs, porque, como decía Ignacio de Loyola, “no el mucho saber harta y satisface al ánima”. 

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1 respuesta

  1. granny dice:

    Como el confinamiento ha sido largo, también mis reflexiones han dado para mucho… y ya voy por la tercera entrega. Esto va a ser más largo que cualquier serie de esas a las que seguro que estáis enganchadxs…

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