¿Tuto o muedte?

Hay un chiste muy tonto que me acompaña desde bien pequeña y seguro que muchxs conoceréis. Dice algo así como: “¿Qué quieres? ¿tuto o muedte?”; “Tuto”; “¡¡BU!!”; “Uy, qué tuutooo”; “Pues haber elegido muedte…” (mi colega y a pesar de todo amigo, Jonmi, dice que es “zuto” y “muezte”, pero a mí me gusta más así)

Y es que siempre hay, como mínimo, dos alternativas en la vida. Si ejerciendo tu libertad, eliges una, no te quejes por no conseguir los resultados de haber elegido la otra.

Si nos vamos al mono-tema de la pandemia, podemos centrarnos en los problemas psicológicos que puede generar un nuevo confinamiento o las restricciones que estamos sufriendo y utilizarlos como excusa para ser más permisivxs con su no cumplimiento, o podemos poner el foco en la parte positiva (sin intención de restar importancia a la negativa) de los efectos psicológicos de todo esto.

Según el doctor Joan Vegué, presidente del Consejo Asesor de Salud Mental y Adicciones de la Generalitat de Cataluña, “habrá mucha gente que en esta situación de crisis habrá reforzado sus capacidades adaptativas ante futuras situaciones de estrés psicológico”. Si bien es cierto que, como afirma José Manuel Montes, jefe de sección de psiquiatría del Hospital Universitario Ramón y Cajal de Madrid “cada persona tiene una capacidad diferente para afrontar las situaciones de estrés y los problemas que se van sucediendo en este tipo de estados”. 

Seguro que muchas personas nos hemos sentido frustradas a lo largo de este año de pandemia, en algún momento, con mayor o menor nivel de frustración. Que este hecho nos refuerce o nos mine más, dependerá de nuestra preparación para lidiar con esta emoción.

Fuente

Adam Grant, describe la frustración como el sentimiento de estar bloqueadx ante un objetivo y afirma que, aunque pueda parecer una emoción destructiva, si la manejamos bien, se convierte en una fuente de combustible creativo porque, cuando nos sentimos frustradxs, cuestionamos el status quo y buscamos nuevos y mejorados métodos. Por tanto, si somos capaces de re-estructurar nuestra frustración podríamos aprender mucho de ella para mejorar y crecer. 

A pesar de ser una emoción que nos hace sentir mal, la frustración tiene una función que cumplir. Es el resultado de no conseguir lo que esperamos o deseamos y nos prepara para adaptarnos a esa situación no deseada. 

Aquí te dejo 5 consejos sobre cómo gestionar la frustración de manera positiva.

  1. Toma distancia con el evento y postpón la decisión. Mira la situación desde fuera como unx observadorx ajeno a ella. La frustración puede ser tan intensa que te haga exagerar el evento que la está causando y verla de manera distorsionada. Analiza los aspectos positivos y negativos de la situación frustrante y compárala con algo similar (o incluso peor) que te haya pasado antes.
  2. Permítete SENTIR la emoción de frustración, y luego, déjala ir. NO evites la emoción. No se trata de controlarla. Observa lo que sientes, ponle nombre, escucha lo que te quiere decir, descubre de dónde viene realmente esa frustración, exprésala y… déjala ir.

Antes de dejar a tu subconsciente reaccionar de manera automática a la situación, puedes darle voz e intentar ponerle consciencia a lo que te está sucediendo y, para ello, puedes probar aplicando el modelo SCARF de David Rock y tratar de identificar qué es lo que realmente está desencadenando tu emoción, llegar a la causa raíz, al fondo de la cuestión:

  • S (status): ¿percibes la situación que ha generado tu frustración como una amenaza para tu status?
  • C (certeza): ¿no tienes claras tus expectativas y tu futuro?
  • A (autonomía): ¿sientes que no tienes el control para tomar tus propias decisiones?
  • R (reciprocidad): ¿encuentras difícil conectar con otras personas porque parecen irreales y falsas?
  • F (fairness): ¿es cuestión de que no has sido tratadx con justicia en comparación con otras personas?

Todo en esta vida tiene que ver con conocernos a nosotrxs mismxs, cada día, un poquito mejor porque, como dijo Sun Tzu, “Know yourself and you will win all battles”.

  1. Una vez que te calmes, puedes pasar a la acción. La frustración tiene mucha fuerza y, por tanto, es muy proactiva. Sin embargo, no suele ser buena consejera ya que nos suele conducir a comportamientos de los que nos podemos arrepentir porque nos lleva a atacar, dañar o vengarnos de lo que está causándola y, por eso, es mejor no actuar bajo sus efectos inmediatos.

Separa ficción de realidad. Muchas veces, para validar nuestras creencias, nos contamos una historia a nosotrxs mismxs que no se ajusta a la realidad. Esto lo solemos hacer cuando intentamos deducir las intenciones en otras personas. Según, Douglas Stone, una persona puede actuar con una mezcla de intenciones y, por tanto, no es fácil deducir con certeza cuáles pueden ser esas intenciones que hemos intuido en su comportamiento. También podría suceder que una persona no tenga ninguna intención en sus actos, o, por lo menos, su intención no tenga nada que ver conmigo. Y, por supuesto, aunque una persona tenga la mejor de las intenciones en sus actos, también podría ocasionarme dolor.

Cuando vayas a contarte esa historia, ten en cuenta que, si elaboras un relato en positivo, no permites que la energía negativa se apodere de ti y…, ya sabes que en contextos positivos la creatividad fluye mejor. Recuerda el mantra de iNNoVaNDiS: “no te centres en por qué no, busca cómo sí”. Para ayudarte en esta tarea puedes preguntarte:

  • ¿Cuál es la historia que me estoy contando?
  • ¿Cómo sé que esta historia es verdad?
  • ¿Cuáles son las otras posibles explicaciones alternativas?
  • ¿Cuál es mi contribución a esta situación?
  • ¿Cómo pueden otras personas estar viviendo esta situación?
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  1. Diferencia entre lo que quieres, necesitas y la realidad. Muchas veces nos frustramos porque confundimos nuestros deseos (quiero que me felicite) con nuestras necesidades (necesito aceptación) y/o con lo que es lógico que suceda (simplemente está a tope de trabajo y no se ha acordado). A veces, lo que queremos no es lo que necesitamos y, muchas veces, tenemos que ajustar nuestras necesidades a la realidad.
  1. Valora si tienes que aceptar la situación o cambiarla. Si la situación que ha generado tu frustración no se puede cambiar (está fuera de tu control), tal vez deberías ajustar tus necesidades y/o tus deseos. Céntrate en lo que está bajo tu control (tus expectativas, por ejemplo).

La frustración es una emoción con la que tenemos que lidiar desde bien pequeñxs en la vida. No hay más que recordar esas horribles “casquetas” que cogían nuestrxs hijxs cuando no conseguían lo que querían. Manejar nuestra frustración es difícil y, mucho más, hacerlo con la de nuestrxs hijxs. A veces, en un intento de sobre protegerles, queremos evitarles esa emoción, y eso precisamente es lo que menos deberíamos hacer porque les negamos la oportunidad de desarrollar herramientas que les permitan estar mejor preparadxs para enfrentar nuevas frustraciones en un futuro. Cuando una persona no sabe afrontar sus frustraciones, tiene un problema, pero el problema aún es mayor cuando, como adultxs no ayudamos a nuestrxs jóvenes a aprender de la experiencia, sino que echamos gasolina para que su frustración se mantenga viva o, incluso, se incremente.

En la vida, en muchas ocasiones, no conseguiremos lo que queremos o esperamos y tenemos que tener recursos para afrontarlo. Evitar que nuestrxs hijxs, estudiantes, compañerxs etc. Se sientan frustradxs es negarles la posibilidad de desarrollar recursos que les permitan tener una inteligencia emocional sana.

Si como progenitorxs, tutorxs, profesorxs, en vez de ayudar a enfrentar de una manera positiva la frustración de nuestrxs jóvenes, se la reforzamos, e incluso la alimentamos con nuestra propia frustración, hacemos que esa frustración se intensifique, coja fuerza y deje de cumplir su función, porque nos acostumbramos más a la incomodidad que nos genera esta emoción que a escuchar lo que nos quiere decir. 

Así que, cuando alguien se acerque a ti frustradx, escúchale y, en vez de reforzar su frustración añadiendo tus propias historias negativas a la mezcla, intenta apoyarle utilizando una mentalidad de crecimiento para ayudarle a moverse de la queja a la solución, haciéndole preguntas como:

  • ¿Qué es lo que mayor frustración te está produciendo? ¿La situación en sí u otra cosa oculta?
  • ¿De qué manera crees que has contribuido tú a esta frustración que sientes? ¿Con unas expectativas excesivas? ¿Con unos deseos que no se corresponden con tus necesidades o con la realidad?
  • ¿Cómo ven otras personas esta situación que te está produciendo frustración? ¿Cuál es su historia? Seguro que alguien en la misma situación ha sabido ver el lado positivo. Búscale y escucha su historia.
  • ¿Lo que te preocupa es algo que está bajo tu control o fuera de él? Si hay algo bajo tu control (sobre todo tus deseos, necesidades y expectativas) ¿qué has hecho para resolverlo?
  • ¿Qué consecuencias esperas de todo lo que te está ocasionando esta frustración? 
  • ¿Qué te enseña todo esto sobre ti y sobre lxs demás?


Puedes dejar que la frustración te absorba (tu tiempo y energía) o… puedes ajustar tus expectativas, hacer pequeños cambios en ti que atenúen el efecto de esa frustración, y entablar diálogos saludables contigo mismx para aprender más sobre ti mismx y convertir esa frustración en una oportunidad de seguir creciendo.

Así que, tú ¿qué eliges? ¿tuto o muedte?

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5 Respuestas

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