Un hombre bueno – Inspired by Joserra

Mikel Korta – Responsable de Incubadora de Empresas Innogune en Universidad de Deusto

La noticia de la muerte de Joserra Mandiola fue un duro golpe para los que tuvimos la suerte de conocerle. Unos meses después de su fallecimiento sus hijos tuvieron un gesto muy generoso y decidieron traer a la Universidad algunos libros que Joserra tenía en casa, con sus apuntes y subrayados. Asun dejó los libros en su despacho para que tanto lxs iNNoVaNDRs como todo aquél que quisiera, se pudiera llevar un libro suyo como recuerdo.  Creo que a él le habría gustado este gesto. Joserra era una persona que compartía mucho; el whatssap de Joserra con el artículo de La Contra de La Vanguardia era un clásico que nos alegraba el día a quienes teníamos la suerte de recibirlo asiduamente. También compartía reflexiones muy interesantes en su blog personal Aprendiendo que es una pena que ya no siga alimentándose.

El libro que escogí fue “La edad de los milagros: una nueva perspectiva de la mediana edad” de Mariane Williamson. Supongo que lo elegí por el tema de la “mediana edad” y porque al mirarme en el espejo me veo cada vez más canas. También lo elegí por descarte; la selección de libros que me encontré me sorprendió tanto…, no sabía que libro coger. Títulos que sonaban religiosos, muchas referencias a milagros… 

O sea que no tenía muchas expectativas con este libro que escogí. En la contraportada se explicaba que Mariane Williamson es “Una de las autoras que mejor conecta con las mujeres de hoy” además de conferenciante y colaboradora en el programa de Oprah Winfrey. De todas formas, como en su día le interesó a Joserra empecé a leerlo y, en contra de mi prejuicio inicial, enseguida me enganchó. 

El libro habla de lo mucho que perdemos según nos hacemos mayores, pero también de todo lo que podemos llegar a aprender y de cómo vamos dotando de sentido a nuestra vida y a nuestras relaciones. Los temas tratados como el amor o el sufrimiento me resultan interesantes, pero a veces el lenguaje utilizado se me hace ajeno. La autora del libro es alumna de Un curso de milagros y eso es una de las cosas que tenía en común con Joserra; tal vez por eso compró el libro. Un curso de milagros es un libro y una filosofía que marcó mucho a Joserra y de hecho era alumno y participaba en cursos y seminarios de esta temática. 

Esa dimensión más religiosa o espiritual de su mundo interior a mí se me escapa. Supongo que pasa con personas complejas como Joserra, desconocemos muchas aristas y facetas de su personalidad. Pero no compartir todas sus opiniones y creencias no importaba. Joserra inspiraba más con un solo gesto o mirada que con mil palabras y discursos. 

Yo siempre le recordaré por su mirada.

¿Qué es lo que le hacía tan especial? 

Joserra era una buena persona. Nada más verle sentías que era alguien en quién podías confiar. Seguro que no estaba exento de sus luchas internas, de sus luces y de sus sombras, ni era un ingenuo o una persona naíf que mirara a otro lado, pero eligió ser bueno. 

Hay un poeta catalán Joan Margarit que en el libro No estaba lejos, no era difícil, habla así sobre la madurez:

“puede alcanzarse la lucidez necesaria para comprender el miedo. Pero la nueva capacidad depende de cómo ha sido el desarrollo personal hasta entonces. La última etapa puede ser la más profunda pero también la más banal de la vida de una persona. 

El miedo es falta de amor: un pozo que tratamos de rellenar con las cosas más variadas. Cuando no se entiende el miedo no se puede intentar nada más que el egoísmo.”  

Joserra representaba esa madurez de la que habla el poeta. Para mí su vida reflejaba ese viaje desde el miedo al amor. Y se veía en los pequeños detalles del día a día: desde un libro que te recomendaba para tus hijos, a una crema para tu hija porque se acordaba del problema que tenía en la piel. Siempre te sentías un poco mejor después de hablar con Joserra, aunque fuera un minuto en el pasillo de Innogune. 

Cuando era un niño nuestro abuelo, imitando a un personaje de la tele, solía decirnos: “Ser buenoooos…”. Cuanto mayor me hago más sabio me parece su consejo. Cada vez estoy más convencido de que la mayor virtud a la que podemos aspirar es la bondad. Ser bueno conlleva amor, compasión, dignidad, empatía, perdón, clase… 

Joserra, con su mirada, me inspiró a retomar el propósito de mi abuelo; ser bueno. 

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5 Respuestas

  1. Mapi dice:

    Gracias por compartir! Un abrazoo!

  2. Koldo dice:

    Completamente de acuerdo. Una buena persona. Saludos.

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