“Por la caridad entra la peste ¿dónde?”

Asun Ibáñez, Directora Académica de iNNoVaNDiS (Programa de Innovación y Emprendimiento)

Cuando hablo a mi estudiantado de creencias limitantes, el refranero es una fuente inmensa de posibles ejemplos. Desde nuestra más tierna infancia hemos escuchado en nuestros hogares a algún familiar repetir una y otra vez esos refranes, citas o dichos populares de los que están enriquecidas nuestras lenguas. Algunos, incluso, son copyright de nuestra propia familia, mensajes que a base de repetirlos los hemos interiorizado como verdades absolutas, y que con los años, nos vemos repitiendo como si fuéramos transmisores necesarios de una herencia generacional. Si son dichos “positivos” se convierten en creencias que nos empoderan y, si son “negativos” se convierten en creencias que nos limitan.

Para corregir estas creencias limitantes, es importante darnos cuenta de que es necesario contextualizar esos dichos populares y, sobre todo, entender muy bien su significado. Muchas de las afirmaciones que han calado en nosotras y nosotros las decían en casa porque era así como esas personas las habían vivido, al igual que muchos refranes vienen de hace siglos, de culturas y tiempos que nada tienen que ver con los actuales.

De hecho, en mí, siempre resuena el refrán “por la caridad entra la peste”, que decía mi aitona, quien vivió una guerra civil y pasó mucha hambre y miseria. Y esto es algo que ha generado en mí una gran incomprensión durante toda mi vida, porque me resultaba muy contradictorio, ya que recuerdo a mi aitona como una bellísima persona, generosa y compasiva.

Yo, que estoy entrenada en la identificación de este tipo de creencias limitantes, me he dado cuenta y lo he trabajado, pero ¿cuántas personas se aferran a este refrán para justificar no ser caritativas? 

Según el refranero del Centro Virtual Cervantes,  este refrán “hiperbólicamente advierte que ayudar a otros causa a veces grave quebranto y consecuencia” y explica que la peste era una enfermedad contagiosa y grave que causaba gran mortandad en la sociedad medieval en la que esta referencia data el nacimiento de este refrán.

Cuando he buscado este refrán en Internet he dado con varios artículos de opinión que lo utilizan para justificar el cierre de fronteras o para acusar que no se está gestionando bien la política migratoria de un país. Por poner un ejemplo, voy al primero que me aparece en Google. Dicha entrada habla de la caridad como una virtud teologal, atribuye este refrán a Sancho Panza y dice que hace “alusión al mal uso de esta virtud, que nos puede llevar al mal por querer hacer el bien, y nos invita a la prudencia, a medir el alcance de nuestras acciones antes de que una presunta buena obra produzca resultados nefastos”.

Y ahí, enganchada en esa mala (o equivocada o sesgada o…) interpretación del refrán puedo quedarme tranquila, sobre todo, porque eso me deja en paz cuando no practico la caridad. 

Yo creo que a este refrán le falta algo (no sé si no se recogió en su momento o se borró) y, precisamente por incompleto, se convierte en malicioso. 

“Por la caridad entra la peste”, vale, pero… ¿dónde entra la peste? ¿A quién le entra la peste? ¿Hasta dónde entra la peste? Y, ¿por cuánto tiempo?

Lo que toda persona que quiera justificar su comportamiento no caritativo hace es entender que la caridad supone abrir las puertas de mi casa a un apestado, y por tanto, tengo el riesgo de contagiarme. Esa es la interpretación más obvia y maliciosa para mantenernos en la insolidaridad. Pero… ¿qué tal si me cuestiono el propio refrán y busco una respuesta que promueva esta virtud y no que la ponga en tela de juicio? ¿Por qué el apestado tiene que ser quien entra en mi casa y no yo, quien lo acoge?

Si yo, teniendo la peste, soy caritativa, puedo contagiar a quien ayudo, del mismo modo que si a quien ayudo tuviera la peste y me contagiase por ayudarle. Es decir, quien es caritativo puede estar generando un perjuicio a quien ayuda. 

Hace un tiempo escuché una explicación de este refrán que me dio mucha luz. Una pena no acordarme ni dónde ni a quién se lo escuché para poder citarle correctamente y reconocerle su mérito (espero que puedas perdonarme si me lees): cuando ayudamos a alguien, y no lo hacemos con completa generosidad, sin buscar nada a cambio, generamos “deuda” en esa persona. Es el ayudador quien está apestado porque no practica la caridad correctamente, y es el ayudado, por tanto, a quien le entra la peste.

Así que, si como a mí, este refrán te estaba “chirriando” porque iba en contra de tus valores y principios, o si alguien pretende utilizarlo ante ti para justificar un comportamiento no solidario, ya tienes una forma de liberarte de esta creencia limitante.

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1 respuesta

  1. Me ha encantado y removido, estoy dentro del mundo de la emprendeduria social , y muy cerca del voluntariado.
    Caridad es una palabra maravillosa, cuando tu das recibes mucho mas , siempre sin esperar nada del otro.
    Vamos caminando en esta vida, en este proceso de fullfillment , dando mucho amor y que sea sin apego.

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