Testimonios

Nuestra vida está llena de testimonios. Necesitamos de testigos que nos hablen de la realidad que directamente no vemos, pero que a su vez afecta directamente a nuestra vida y nuestro modo de vivir. Hoy tenemos acceso a múltiples testimonios, de los cuales, demasiados son fake news y hace que nos haga dudar más de la credibilidad de los testigos. Todos necesitamos de testigos que nos ayuden a vivir mejor, a tomar decisiones, a hacernos cargo de la realidad propia y ajena, es decir necesitamos testigos de verdad.

Lecturas: jueves 26 de marzo (4ª semana de Cuaresma)

Con el tiempo en general nos despistamos de nuestros propósitos primeros. Queríamos hacer una cosa y acabamos haciendo otra bien distinta. Un ejemplo claro es el del pueblo de Israel que en el desierto empieza a aforar a otros dioses. A nosotros nos puede pasar con el dejarnos llevar. El no estar atentos, no ser cuidadosos, no hacer memoria, nos pueden despistar de aquello que realmente es fundamento de nuestra vida, y sin querer, un tiempo después, nos vemos alejados de aquello que realmente queríamos.

Los testigos son una ayuda fundamental para nuestra vida. Sus relatos son los que nos sitúan, los que nos aconsejan, los que nos guían en casi todo en la vida. Son los que nos dicen qué y cómo tenemos que hacer para lograr aquella gestión que necesitamos, son los que nos proponen la agenda, son los que fundamentan nuestra vida social. En el Evangelio de hoy Jesús nos lo plantea con total claridad. ¿Nos fiamos de Él para nuestra vida? ¿Le creemos cuando nos habla del Padre? ¿Sirve su testimonio para nuestra vida?

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Dios con nosotros

Una pregunta que se repite a lo largo de la historia es ¿dónde está tu Dios? Ahora que vivimos más apretadamente, la pregunta sigue vigente y los creyentes, muchas veces con más torpeza que acierto, tratamos de responder a la cuestión. Hoy celebramos la Anunciación, que es el relato cristiano en el que explicamos la Encarnación. Por medio de la Encarnación los cristianos respondemos a esa pregunta de dónde está Dios, y lo hacemos diciendo que Dios está con nosotros. Ahora, por tanto nos queda verificar eso en nuestra vida y descubrir, no dónde, sino cómo está Dios con nosotros.

Lecturas: miércoles 25 de marzo (La Anunciación)

Comentario

La espiritualidad Ignaciana nos da herramientas para discernir la presencia de Dios con nosotros:

  • Mirar y amar la humanidad entera en relación con la creación, tal y como lo hace Dios.
  • Acompañar la historia del crucificado con los crucificados del mundo.
  • Buscar y hallar la voluntad de Dios en esta historia compartida.

Las lecturas de hoy nos hablan de eso, de un Dios que se hace uno con nosotros, especialmente con los más vulnerables y necesitados. Nos hablan de que ese movimiento de Dios necesita de la colaboración nuestra, como es el caso de María. Nos hablan de estar atentos a descubrir ese amor de Dios, no solo en signos convencionales, sino en las encrucijadas de la historia.

Estos tiempos son tiempos de solidaridad, de estar unos con otros ya sea real o virtualmente. Son tiempos en que nos tenemos que acercar como gran familia humana, y haciendo eso, probablemente estaremos viviendo este misterio de la encarnación, que no es otro que el de la solidaridad de Dios con nosotros.

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¿Quieres quedar sano?

Pandemia, enfermedad, virus, contagiados,.. son palabras que aluden sin duda a una situación de salud. Hoy parece que toda la vida la ocupa el famoso coronavirus COVID19. Pero no toda la vida es la enfermedad a pesar de que la limite y la condicione mucho. El ser humano es capaz de mirar más allá, es capaz de ser creativo, somos capaces de ser mucho más comunitarios cuando más individualizdos estamos, somos capaces de cantar, de bailar, de hacer deporte, de encontrar paciencia donde no la había. Y ahí vemos que la vida va mucho más allá que la enfermedad.

Lecturas: martes 24 de marzo (4ª semana de Cuaresma)

Jesús se encuentra con un enfermo en la piscina de Betesda, que era un lugar donde los fieles esperaban milagros como lo esperan algunos en Lourdes. Para curarse tenían que esperar a que se removiesen las aguas y entonces meterse en la piscina. Y en ese contexto el enfermo del Evangelio nos muestra una situación absurda, porque durante años esperaba el milagro, pero cuando se diera él no iba poder alcanzar la piscina. Era como si uno esperara que le toque la lotería sin comprar el boleto. Es Jesús quien le saca de esa situación absurda, por una parte con el signo de la curación, pero por otra le pone de nuevo en camino (echa a andar).

A veces pienso que hay situaciones personales y sociales que se representan en la absurda situación de este enfermo. Nos bloqueamos en la vida y la cosa no va ni adelante ni atrás, y seguimos esperando algo de algo que no podrá ser. La fe en Jesús es una fe que moviliza, justo todo lo contrario al quedarse parado y atascado. Ojalá este tiempo de confinamiento sea una ocasión de encontrarnos con ese Jesús que nos moviliza, primero por dentro para que después nos mueva por la vida.

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Anda, tu hijo está curado

En tiempos de enfermedad el horizonte es la curación. Entre tantos datos que se nos dan, hay uno que a veces pasa desapercibido, pero es el del número de personas curadas. Padecer la enfermedad, en general, es un tránsito, un camino, un desierto, del cual en muchos casos se sale.

Lecturas: lunes 23 de marzo (4ª semana de Cuaresma)

Comentario

Isaías se nos presenta como un profeta de la esperanza. Nos hace mirar más lejos de las situaciones oscuras y nos habla de gozo, de alegría y de vida. Ayer mismo, en una conversación a distancia, me preguntaban¿ qué es lo que harás cuando termine esto? Porque «esto» terminará y tendremos que retomar una vida nueva donde igual podamos soñar con el cielo nuevo y la tierra nueva de los que habla el profeta.

Para ese camino Jesús es la referencia. Él evangelista nos pone otro de los signos de curación de Jesús, donde él va a ser fuente de vida y de esperanza cuando estas escasean. Hoy podemos tomarlo como una invitación a acercarnos más a Jesús, por los distintos caminos de la espiritualidad, y con él ver y vivir la vida con otro aire, con un aire más lleno de Espíritu, de esperanza, de amor.

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Luz que transforma

Este confinamiento, encierro o cómo queramos llamarlo, tiene algo de paso por el desierto. Un tiempo en el que nos vamos quitando capas y que nos lleva a lo fundamental, es decir a lo que es fundamento de nuestra vida. Pero en el desierto nos podemos perder y necesitamos de luz en esta oscuridad que nos ilumine, que nos inspire y que nos aliente. En nuestra tradición cristiana esa luz siempre ha sido Jesús, cuya vida, cuya palabra, cuya memoria ha servido y hoy sirve de luz para iluminar nuestras caminos.

Lecturas: domingo 22 de marzo (4ª semana de Cuaresma)

Comentario

Hay encuentros que nos transforman y otros nos dejan igual. Las lecturas de hoy nos hablan precisamente de los que transforman. Un ejemplo es el ciego de nacimiento que aparece en el Evangelio. Alguien a quien el encuentro con Jesús le cambió, le devolvió la vista, y con la vista cambió también su fe. El caso de David en la primera lectura es otro ejemplo, un pastor anónimo que gracias al encuentro con Samuel se convirtirá en el Rey más famoso de Israel. Y el tercer caso lo encontramos en Pablo, que narra cómo gracias al encuentro con Cristo, se transforman las vida de aquellos que caminan con su luz y obrando el bien.

En un contexto en el que nos es difícil tener encuentros nuevos, tenemos una ocasión estupenda de hacer memoria de aquellos que nos han transformado, que nos han cambiado la vida. Podemos hacer una memoria agradecida y una oración por esos encuentros ya tenidos, y preparar el corazón para los nuevos encuentros y experiencias que podamos tener para ser capaces de cambiar a algo nuevo tal y como lo hizo el ciego de nacimiento.

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En dos días nos volverá a la vida y al tercero nos hará resurgir

¿Hasta cuándo vamos a estar así? La literatura bíblica nos ha puesto los tres días como símbolo de ese paso. Son días en la que la comunidad de discípulos está recluida en su casa, son días en que aquello que daba sentido deja de tenerlo, son días, en definitiva, de oscuridad y zozobra. Pero pasado ese tiempo indeterminado nos volverá la vida y nos hará resurgir, y estamos seguros de que será algo nuevo y distinto a lo que esperamos.

Primera lectura

Lecturas: sábado 21 de marzo (3ª semana de Cuaresma)

Lectura de la profecía de Oseas 6, 1-6

Vamos, volvamos al Señor.
Porque él ha desgarrado,
y él nos curará;
él nos ha golpeado,
y él nos vendará.
En dos días nos volverá a la vida
y al tercero nos hará resurgir;
viviremos en su presencia
y comprenderemos.
Procuremos conocer al Señor.
Su manifestación es segura como la aurora.
Vendrá como la lluvia,
como la lluvia de primavera
que empapa la tierra».
¿Qué haré de ti, Efraín,
qué haré de ti, Judá?
Vuestro amor es como nube mañanera,
como el rocío que al alba desaparece.
Sobre una roca tallé mis mandamientos;
los castigué por medio de los profetas
con las palabras de mi boca.
Mi juicio se manifestará como la luz.
Quiero misericordia y no sacrificio,
conocimiento de Dios, más que holocaustos.

Salmo

Sal 50, 3-4. 18-19. 20-21ab R/. Quiero misericordia, y no sacrificio

Misericordia, Dios mío, por tu bondad,
por tu inmensa compasión borra mi culpa;
lava del todo mi delito,
limpia mi pecado. R/.

Los sacrificios no te satisfacen:
si te ofreciera un holocausto, no lo querrías.
El sacrificio agradable a Dios
es un espíritu quebrantado;
un corazón quebrantado y humillado,
tú, oh, Dios, tú no lo desprecias. R/.

Señor, por tu bondad, favorece a Sión,
reconstruye las murallas de Jerusalén:
entonces aceptarás los sacrificios rituales,
ofrendas y holocaustos. R/.

Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Lucas 18, 9-14

En aquel tiempo, dijo Jesús esta parábola a algunos que confiaban en sí mismos por considerarse justos y despreciaban a los demás:
«Dos hombres subieron al templo a orar. Uno era fariseo; el otro, publicano. El fariseo, erguido, oraba así en su interior:
“Oh, Dios!, te doy gracias porque no soy como los demás hombres: ladrones, injustos, adúlteros; ni tampoco como ese publicano. Ayuno dos veces por semana y pago el diezmo de todo lo que tengo”.
El publicano, en cambio, quedándose atrás, no se atrevía ni a levantar los ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho diciendo: “Oh, Dios!, ten compasión de este pecador”.
Os digo que este bajó a su casa justificado, y aquel no. Porque todo el que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido».

Comentario

El profeta Oseas nos presenta una dinámica muy propia de la vida, el de estar heridos y el de ser curados. Esa heridas nos impiden actuar como quisiéramos y nos recuerdan nuestra propia fragilidad. A su vez quien nos cura se representa como aquella persona que nos saca de nuestra mayor fragilidad y nos conduce a más vida. Esto no es otra cosa que el Evangelio, que como reconciliación, sanación, salvación, sentido, nos lleva a una mayor plenitud de vida.

Pero para llegar a la sanación tenemos que hacer una terapia que a veces nos sabe peor que el aceite de hígado de bacalao, que es hacernos humildes. Ser humildes no es otra cosa que vivir en el humus, el suelo, es decir vivir en la verdad que nos conduce a la vida. Una verdad que nos recuerda, que no estamos solos, que unos dependemos de otros, una verdad que en definitiva nos lleva a ese gran misterio y experiencia que es Dios.

Feliz sábado de cuarentena, feliz sábado de cuaresma y que este Dios de la vida nos acompañé en nuestras cosas.

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¿Quién será sabio, para comprender estas cosas?

El famoso filósofo Maimónides escribió a finales del s. XII una guía de perplejos. Nos toca vivir tiempos y situaciones que nos causan perplejidad y nos obligan a gestionar nuestras incertidumbres. En estos tiempos echamos manos de nuestro patrimonio piscológico, cultural y espiritual para situarnos en esta realidad algo extraña. Este ejercicio nos obliga a profundizar en nuestras capacidades personales y comunitarias para ir descubriendo cómo situarnos en la realidad.

Lecturas: viernes 20 de marzo (3ª semana de Cuaresma)

Primera lectura

Lectura de la profecía de Oseas 14, 2-10

Esto dice el Señor:
«Vuelve, Israel, al Señor tu Dios,
porque tropezaste por tu falta.
Tomad vuestras promesas con vosotros,
y volved al Señor.
Decidle: “Tú quitas toda falta,
acepta el pacto.
Pagaremos con nuestra confesión:
Asiria no nos salvará,
no volveremos a montar a caballo,
y no llamaremos ya ‘nuestro Dios’
a la obra de nuestras manos.
En ti el huérfano encuentra compasión”.
“Curaré su deslealtad,
los amaré generosamente,
porque mi ira se apartó de ellos.
Seré para Israel como el rocío,
florecerá como el lirio,
echará sus raíces como los cedros del Líbano.
Brotarán sus retoños
y será su esplendor como el olivo,
y su perfume como el del Líbano.
Regresarán los que habitaban a su sombra,
revivirán como el trigo,
florecerán como la viña,
será su renombre como el del vino del Líbano.
Efraín, ¿qué tengo que ver con los ídolos?
Yo soy quien le responde y lo vigila.
Yo soy como un abeto siempre verde,
de mí procede tu fruto”.
¿Quién será sabio, para comprender estas cosas,
inteligente, para conocerlas?
Porque los caminos del Señor son rectos:
los justos los transitan,
pero los traidores tropiezan en ellos».

Salmo

Sal 80, 6c-8a. 8bc-9. 10-11ab. 14 y 17 R/. Yo soy el Señor, Dios tuyo; escucha mi voz

Oigo un lenguaje desconocido:
«Retiré sus hombros de la carga,
y sus manos dejaron la espuerta.
Clamaste en la aflicción, y te libré. R/.

Te respondí oculto entre los truenos,
te puse a prueba junto a la fuente de Meribá.
Escucha, pueblo mío, doy testimonio contra ti;
¡ojalá me escuchases, Israel! R/.

No tendrás un dios extraño,
no adorarás un dios extranjero;
yo soy el Señor, Dios tuyo,
que te saqué del país de Egipto. R/.

¡Ojalá me escuchase mi pueblo
y caminase Israel por mi camino!
Los alimentaría con flor de harina,
los saciaría con miel silvestre». R/.

Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Marcos 12, 28b-34

En aquel tiempo, un escriba se acercó a Jesús y le preguntó:
«¿Qué mandamiento es el primero de todos?».
Respondió Jesús:
«El primero es: “Escucha, Israel, el Señor, nuestro Dios, es el único Señor: amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente, con todo tu ser”. El segundo es este: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo”. No hay mandamiento mayor que estos».
El escriba replicó:
«Muy bien, Maestro, sin duda tienes razón cuando dices que el Señor es uno solo y no hay otro fuera de él; y que amarlo con todo el corazón, con todo el entendimiento y con todo el ser, y amar al prójimo como a uno mismo vale más que todos los holocaustos y sacrificios».
Jesús, viendo que había respondido sensatamente, le dijo:
«No estás lejos del reino de Dios».
Y nadie se atrevió a hacerle más preguntas.

Comentario

Jesús nos sitúa en uno de los pilares de nuestra fe el amor. El amor es fundamento de una relación que se hace fundamental en nuestra vida y es a través de ese amor donde nos vinculamos a Dios, al prójimo y a nosotros mismos. Es esa experiencia del amor la que nos acerca a la experiencia del Reino de Dios que es uno de los distintivos de la predicación de Jesús. Estos días son una estupenda ocasión para ver cuál es el fundamento de nuestra, el fundamento de nuestro amor. Es una ocasión para testar, tal y como lo hace la primera lectura, nuestra relación con Dios. ¿En qué medida se hace presente en mi día a día? Es una ocasión de ejercer el amor al prójimo, sobre todo cuando más que nunca nos vemos obligados a vivir en proximidad intensiva. Y desde luego es una ocasión de ver cómo nos amamos a nosotros mismos. Este test del amor es en algún modo, una de las mejores brújulas para nuestra vida.

No estamos lejos significa, de hecho, que no estamos allí.

La intensa actividad en nuestros móviles estos días es de una naturaleza diferente. No son los mensajes a que estábamos acostumbrados. Me hablan de desconcierto, de un esfuerzo por resituar todo lo que estamos viviendo. A veces apresuradamente, detrás de las informaciones que empezaron a llegarnos y todavía llegan, vinieron las explicaciones y los consejos. También vinieron expresiones de solidaridad y preocupación por los más afectados; expresiones de solidaridad y apoyo a quienes se encuentran en primera línea. No faltaron los mensajes para aliviarnos, con el humor con alguna buena noticia. Tampoco escasearon, luego, las reflexiones críticas, o el recuerdo de lo bien que vivíamos hasta hace unos días, sin saberlo.

Todos estos intentos consiguen solo limitadamente su propósito. Es como si reflejasen una experiencia profunda, que no es fácil de expresar. Me refiero a ese caer en la cuenta de que vamos a tener que resetearnos. Vamos a tener que re-comprendernos a la luz de esta nueva realidad. Nos acaban de abrir los ojos ante un abismo, ante algo que se revela todavía más frágil de lo que creíamos, increíblemente más.

Será por ángulo de perspectiva que nos impone el confinamiento o por la pura enormidad de la cosa, sin precedentes, todo esto nos tiene sorprendidos.

Jesús de Nazaret respondió al escriba “no estás lejos”. Este modo de hablar interpela a nuestra percepción. Hablando así, Jesús cuestiona al pesimista, pero también al optimista. Que no estemos lejos, en el fondo, significa que tampoco estamos donde temíamos. Que no estemos lejos significa, de hecho, que aún no estamos donde nos gustaría.

La realidad que compartimos estos días puede aunarnos. Puede traernos de nuestras percepciones individualistas y confrontarnos con nuestra condición humana, en cuanto que especie también. Mucho antes que fuéramos seres políticos, esta situación nos recuerda que ya éramos especie. Y, teniendo que estar confinados respecto a lo otro, al menos, podemos experimentarnos en esto fundamental. Que un espíritu original tiene el poder de aunarnos y hacernos capaces de más.

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El hombre de los sueños

Hoy celebramos la solemnidad de San José que a su vez también nos sirve para recordar y festejar a todos los padres. En estos días en que la convivencia se hace mucho más estrecha, tenemos que aprender a vivir de una manera distinta nuestras relaciones, y especialmente con aquellos con los que compartimos casa. La figura de José, que por un lado es muy difusa en el Nuevo Testamento, nos puede servir como icono para ver cómo convivir ante circunstancias nuevas y a veces inexplicables.

Lecturas: jueves 19 de marzo (Solemnidad de San José)

Primera lectura

Lectura del segundo libro de Samuel 7, 4-5a. 12-14a. 16

En aquellos días, vino esta palabra del Señor a Natán:
«Ve y habla a mi siervo David:
“Así dice el Señor: Cuando se cumplan tus días y reposes con tus padres, yo suscitaré descendencia tuya después de ti. Al que salga de tus entrañas le afirmaré tu reino.
Será el quien construya una casa a mi nombre y yo consolidaré el trono de su realeza para siempre.
Yo seré para él un padre y él será para mí un hijo.
Tu casa y tu reino se mantendrán siempre firmes ante mí, tu trono durará para siempre”».

Salmo

Sal 88, 2-3. 4-5. 27 y 29 R/. Su linaje será perpetuo.

Cantaré eternamente las misericordias del Señor,
anunciaré tu fidelidad por todas las edades.
Porque dijiste: «La misericordia es un edificio eterno»,
más que el cielo has afianzado tu fidelidad. R/.

«Sellé una alianza con mi elegido,
jurando a David, mi siervo:
Te fundaré un linaje perpetuo,
edificaré tu trono para todas las edades». R/.

Él me invocará: “Tú eres mi padre,
mi Dios, mi Roca salvadora”.
Le mantendré eternamente mi favor,
y mi alianza con él será estable. R/.

Segunda lectura

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 4, 13. 16-18. 22

Hermanos:
No por la ley sino por la justicia de la fe recibieron Abrahán y su descendencia la promesa de que iba a ser heredero el mundo.
Por eso depende de la fe, para que sea según gracia; de este modo, la promesa está asegurada para toda la descendencia, no solamente para la que procede de la ley, sino también para la que procede de la fe de Abrahán, que es padre de todos nosotros.
Según está escrito: «Te he constituido padre de muchos pueblos»; la promesa está asegurada ante aquel en quien creyó, el Dios que da vida a los muertos y llama a la existencia lo que no existe.
Apoyado en la esperanza, creyó contra toda esperanza que llegaría a ser padre de muchos pueblos, de acuerdo con lo que se le había dicho:
«Así será tu descendencia».
Por lo cual le fue contado como justificación.

Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Mateo 1, 16. 18-21. 24a

Jacob engendró a José, el esposo de María, de la cual nació Jesús, llamado Cristo.
La generación de Jesucristo fue de esta manera:
María, su madre, estaba desposada con José y, antes de vivir juntos, resultó que ella esperaba un hijo por obra del Espíritu Santo.
José, su esposo, como era justo y no quería difamarla, decidió repudiarla en privado. Pero, apenas había tomado esta resolución, se le apareció en sueños un ángel del Señor que le dijo:
«José, hijo de David, no temas acoger a María, tu mujer, porque la criatura que hay en ella viene del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo y tú le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de los pecados».
Cuando José se despertó, hizo lo que le habla mandado el ángel del Señor.

Comentario

El Papa Francisco nos muestra a San José como el hombre de los sueños. Por un lado encontramos a José como aquel a quien en sueños le hablaba el Señor y aquel que fue descubriendo su misión y por tanto su vocación, a través de distintos sueños. Es frecuente que en la tradición bíblica se represente los sueños como lugar de comunicación con Dios. Hoy nosotros también podemos soñar en un doble sentido. Por un lado podemos soñar con un mundo distinto al que tenemos, en unas condiciones nuevas, justas y ciertamente muy distinto a este momento que vivimos. Pero muchas veces ese sueño es un sueño individual. Los sueños, como los de José, están relacionados con la historia de la salvación, están relacionados con el sueño de Dios con nosotros, es decir el sueño de Dios para toda la familia humana.

Hoy nos toca soñar juntos con Dios, nos toca soñar a cada uno de nosotros cómo podemos colaborar en nuestra convivencia particular, pero también en nuestra convivencia como familia humana. Ojalá que este tiempo de hibernación nos ayude a soñarnos de manera diferente, de una manera que sea más próxima a cómo Dios nos sueña.

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Esa es vuestra sabiduría y vuestra inteligencia

Seguimos en nuestro camino de cuaresma y camino de la cuarentena. Sabemos donde termina el primer camino, es un camino que recorremos cada año, pero no sabemos cuándo terminará el segundo. Este segundo camino requiere la sabiduría y la inteligencia necesaria para no perdernos demasiado y para acertar mejor en las decisiones individuales y colectivas. La ciencia es un conocimiento absolutamente necesario, pero que ha su vez debe de ayudarse de la sabiduría y la inteligencia espiritual de muchas tradiciones para que nos dispongan mejor para estos dos caminos.

Lecturas: miércoles 18 de marzo (3ª semana de Cuaresma)

Primera lectura

Lectura del libro del Deuteronomio 4, 1. 5-9

Moisés habló al pueblo, diciendo:
«Ahora, Israel, escucha los mandatos y decretos que yo os enseño para que, cumpliéndolos, viváis y entréis a tomar posesión de la tierra que el Señor, Dios de vuestros padres, os va a dar.
Mirad: yo os enseño los mandatos y decretos, como me mandó el Señor, mi Dios, para que los cumpláis en la tierra donde vais a entrar para tomar posesión de ella.
Observadlos y cumplidlos, pues esa es vuestra sabiduría y vuestra inteligencia a los ojos de los pueblos, los cuales, cuando tengan noticia de todos estos mandatos, dirán:
“Ciertamente es un pueblo sabio e inteligente esta gran nación”.
Porque ¿dónde hay una nación tan grande que tenga unos dioses tan cercanos como el Señor, nuestro Dios, siempre que lo invocamos?
Y ¿dónde hay otra nación tan grande que tenga unos mandatos y decretos tan justos como toda esta ley que yo os propongo hoy?
Pero, ten cuidado y guárdate bien de olvidar las cosas que han visto tus ojos y que no se aparten de tu corazón mientras vivas; cuéntaselas a tus hijos y a tus nietos».

Salmo

Sal 147, 12-13. 15-16. 19-20 R/. Glorifica al Señor, Jerusalén

Glorifica al Señor, Jerusalén;
alaba a tu Dios, Sión.
Que ha reforzado los cerrojos de tus puertas,
y ha bendecido a tus hijos dentro de ti. R/.

Él envía su mensaje a la tierra,
y su palabra corre veloz;
manda la nieve como lana,
esparce la escarcha como ceniza. R/.

Anuncia su palabra a Jacob,
sus decretos y mandatos a Israel;
con ninguna nación obró así,
ni les dio a conocer sus mandatos. R/.

Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Mateo 5, 17-19

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«No creáis que he venido a abolir la Ley y los Profetas: no he venido a abolir, sino a dar plenitud.
En verdad os digo que antes pasarán el cielo y la tierra que deje de cumplirse hasta la última letra o tilde de la ley.
El que se salte uno solo de los preceptos menos importantes y se lo enseñe así a los hombres será el menos importante en el reino de los cielos.
Pero quien los cumpla y enseñe será grande en el reino de los cielos».

Comentario:

Hoy se nos invita a hacer memoria. El autor de este pasaje del Deuteronomio, pone en boca de Moisés algo muy importante en la tradición judía, que es hacer memoria para recordar quién somos. Una memoria que evoca al cumplimiento de los mandatos de la Alianza y que se vincula a la tierra prometida. A su vez ese ejercicio de memoria, nos recordará y nos hará presentes la cercanía de Dios a nuestra historia Muchas veces se nos olvida que Dios está a nuestro lado, que camina con nosotros, que vive en nosotros; y es en ese olvido cunado a veces lo buscamos mucho más lejos de lo que está. Ignacio de Loyola, en la contemplación para alcanzar amor nos lo dice muy bonitamente, hacer memoria de los beneficios recibidos. Es por tanto una invitación a que busquemos en la memoria esa presencia cercana de Dios.

Estos días son una ocasión estupenda para hacer memoria personal y compartida. Podemos mirar las fotos recientes y antiguas. Podemos recordar nuestros momentos que han significado un hito en nuestra vida, como la boda, bautizos, comuniones, fiestas, encuentros con amigos,trabajo. Es un tiempo que podemos hacer memoria también ordenando las fotos más recientes del móvil. Así es un tiempo para recordarnos quién y con quién somos lo que somos.

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Ten paciencia conmigo

Seguimos este camino cuaresmal y de cuarentena. Gracias a los distintos medios de comunicación abrimos los ojos al mundo, vemos datos, vemos historias, vemos memes; y nos hacemos una idea de este mundo. Hoy os traemos de nuevo, la palabra de Dios que quiere inspirar esa mirada al mundo.

Lecturas: martes 17 de marzo (3ª semana de cuaresma)

Primera lectura

Lectura de la profecía de Daniel 3, 25. 34-43

En aquellos días, Azarías, puesto en pie, oró de esta forma; alzó la voz en medio del fuego y dijo:
«Por el honor de tu nombre,
no nos desampares para siempre,
no rompas tu alianza,
no apartes de nosotros tu misericordia.
Por Abrahán, tu amigo; por Isaac, tu siervo;
por Israel, tu consagrado;
a quienes prometiste multiplicar su descendencia
como las estrellas del cielo,
como la arena de las playas marinas.
Pero ahora, Señor, somos el más pequeño
de todos los pueblos;
hoy estamos humillados por toda la tierra
a causa de nuestros pecados.
En este momento no tenemos príncipes,
ni profetas, ni jefes;
ni holocausto, ni sacrificios,
ni ofrendas, ni incienso;
ni un sitio donde ofrecerte primicias,
para alcanzar misericordia.
Por eso, acepta nuestro corazón contrito
y nuestro espíritu humilde,
como un holocausto de carneros y toros
o una multitud de corderos cebados.
Que este sea hoy nuestro sacrificio,
y que sea agradable en tu presencia:
porque los que en ti confían
no quedan defraudados.
Ahora te seguimos de todo corazón,
te respetamos, y buscamos tu rostro;
no nos defraudes, Señor;
trátanos según tu piedad,
según tu gran misericordia.
Líbranos con tu poder maravilloso
y da gloria a tu nombre, Señor».

Salmo

Sal 24, 4-5a. 6 y 7cd. 8-9 R/. Recuerda, Señor, tu ternura

Señor, enséñame tus caminos,
instrúyeme en tus sendas:
haz que camine con lealtad;
enséñame, porque tú eres mi Dios y Salvador. R/.

Recuerda, Señor, que tu ternura
y tu misericordia son eternas;
acuérdate de mí con misericordia,
por tu bondad, Señor. R/.

El Señor es bueno y es recto,
y enseña el camino a los pecadores;
hace caminar a los humildes con rectitud,
enseña su camino a los humildes. R/.

Evangelio del día: martes de la tercera semana de cuaresma.

Lectura del santo evangelio según san Mateo 18, 21-35

En aquel tiempo, acercándose Pedro a Jesús le preguntó:
«Señor, si mi hermano me ofende, ¿cuántas veces tengo que perdonarlo? ¿Hasta siete veces?».
Jesús le contesta:
«No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete.
Por esto, se parece el reino de los cielos a un rey que quiso ajustar las cuentas con sus criados. Al empezar a ajustarlas, le presentaron uno que debía diez mil talentos. Como no tenía con qué pagar, el señor mandó que lo vendieran a él con su mujer y sus hijos y todas sus posesiones, y que pagara así. El criado, arrojándose a sus pies, le suplicaba diciendo:
“Ten paciencia conmigo y te lo pagaré todo”.
Se compadeció el señor de aquel criado y lo dejó marchar, perdonándole la deuda. Pero al salir, el criado aquel encontró a uno de sus compañeros que le debía cien denarios y, agarrándolo, lo estrangulaba diciendo:
“Págame lo que me debes”.
El compañero, arrojándose a sus pies, le rogaba diciendo:
“Ten paciencia conmigo y te lo pagaré”.
Pero él se negó y fue y lo metió en la cárcel hasta que pagara lo que debía.
Sus compañeros, al ver lo ocurrido, quedaron consternados y fueron a contarle a su señor todo lo sucedido. Entonces el señor lo llamó y le dijo:
“¡Siervo malvado! Toda aquella deuda te la perdoné porque me lo rogaste. ¿No debías tú también tener compasión de tu compañero, como yo tuve compasión de ti?”.
Y el señor, indignado, lo entregó a los verdugos hasta que pagara toda la deuda.
Lo mismo hará con vosotros mi Padre celestial, si cada cual no perdona de corazón a su hermano».

Comentario:

El profeta Daniel describe una situación complicada, fuera de lo que debería ser lo normal. Una situación en la que, con esperanza, se busca el rostro de Dios. En este tiempo del extraño del coronavirus , también es un tiempo de búsqueda de Dios en nuestras vidas. Un Dios que sea capaz de dar sentido y de dar esperanza a esto que vivimos y que no esperábamos. Un Dios que en nuestras vidas pueda tener una presencia más profunda de una manera nueva. Para eso la tradición espiritual de nuestra Iglesia tiene muchas herramientas, que nos ayudan a buscar ese rostro de Dios, y que este tiempo puede ser una ocasión estupenda para ello.

«Ten paciencia conmigo» es lo que dice el protagonista de la parábola de Jesús. Ahora que estamos conviviendo más estrechamente con los nuestros, es una ocasión para ejercer la paciencia, pero sobre todo para reconocer como los nuestros la ejercen con cada uno de nosotros. Convivir conlleva el roce, y del roce nace el amor, aunque también el conflicto. Los roces de cada día nos pueden ayudar a profundizar en el profundo vínculo que nos une a otros, y valorarlos en toda su grandeza. Así que esta convivencia forzada es una escuela de la paciencia, no de la resignación; sino una paciencia que surge del ejercicio diario de la reconciliación que nos lleve a la convivencia. Este roce, esta paciencia y esta reconciliación para la convivencia a nivel doméstico son una magnífica escuela para que podamos convivir a nivel social.

Ojalá que la búsqueda del rostro de Dios, nos lleve a la búsqueda del rostro del otro, otra; para que podamos convivir, es decir, Vivir juntos.

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