Del Nirvana a Mabibo y vuelta

Por Jon Díaz, iNNoVaNDeR 9G; e Imanol Olalde

Dar es Salaam

Cuando acabamos la carrera [1], con ofertas firmadas sobre la mesa en empresas cuyas sedes se ubican en rascacielos y nuestros próximos años laborales aparentemente encarrilados, sentimos ganas de volver a experimentar aquello que en iNNoVaNDiS nos enseñaron a llamar la zona mágica.

Así que, tomando por buena una de esas muchas oportunidades que Deusto Campus ofrece y rara vez aprovechan los alumnos, al amigo Jon no se le ocurrió mejor idea que la de presentarse voluntario –nunca mejor dicho– para un proyecto en Dar es Salaam, Tanzania. Con dos maletas cargadas de imaginación, muchísimas ganas e información limitada, el 05 de julio emprendimos nuestra aventura. A mitad de camino fichamos a una tercera integrante para el equipo, una chica de mente brillante y personalidad peculiar llamada María.

María e Imanol

María e Imanol

Destinados en este país del noreste de África estamos intentando poner en marcha la metodología Design for Change en el colegio Loyola High School mientras hacemos las veces de profesores, correveidiles y entrenadores del equipo de fútbol.

 

Punto y aparte.

Cuenta la mitología budista que una vez alcanzada la Iluminación y a punto de acceder al Nirvana, la discípula Avalokiteshvara escuchó múltiples llantos y gritos provenientes de los seres sufrientes de la Tierra. Entonces Avalokiteshvara optó por renunciar a su ingreso al Nirvana, para enseñar a todos los seres sufrientes del mundo cómo liberarse de ese sufrimiento, tarea tan titánica para la cual el propio Buda le dotó de mil brazos.

No en pocas ocasiones compartimos la sensación de que, ni siquiera de esa forma, podríamos llegar a dar abasto con la multitud de tareas y proyectos en los que hemos ido paulatinamente involucrándonos durante las ya cuatro semanas que llevamos en este irónico “Remanso de Paz” [2].

A falta de ir cerrando distintos flecos para comenzar con el proyecto que más nos ilusiona a los tres –el Design For Change, por supuesto-, cada uno ha comenzado a trabajar en aquello que mejor sabe hacer; María imparte clases de programación, Jon se las ingenia para buscar desafíos en sus clases de edición de vídeos e Imanol dedica parte de su tiempo a un grupo encantador de alumnos con dificultad para expresarse en el idioma del Past Simple y Present Perfect.

Sin embargo, no son estas actividades no tan exigentes y simples de llevar a cabo, ni siquiera los intensos entrenamientos de fútbol por las tardes, los que dan sentido a nuestra estancia aquí, sino aquellas historias con las que uno da, fruto de la casualidad. Afortunadamente, nos hemos topado con una de estas historias agridulces; la de Sweetie.

Sweetie

Sweetie

Dimos con ella de la mano de Joan, un aliado catalán que lleva aquí más de un año, quien no ha podido solo por su cuenta prestar a Sweetie toda la atención que su caso merece.

Sweetie arrenda un pequeño terreno donde, allá por 2014, decidió que la humilde y débil estructura que había levantado por sus propios medios no solo le serviría como morada, sino que serviría también para acoger a distintos niños y crear una guardería donde recibirían su primera Educación.

La valiente y generosa decisión de Sweetie no pasó desapercibida en su barrio natal de Mabibo y, en muy poco tiempo, se vio lidiando con más de 70 niños de entre dos y siete años. Sin embargo, en los últimos meses la situación ha empeorado notablemente, la estructura de madera y chapa se ha debilitado mucho; decir que se encuentra en estado ruinoso roza la cortesía. Se suele decir que las desgracias nunca vienen solas y, en este caso, es más verdad que nunca. Ahora sólo son veinte las familias que abonan la cuota mensual de 10.000 chelines –4 euros– y la cantidad de familias que no pueden hacer frente a los 1.000 chelines diarios –menos de medio euro– de comida se ha disparado. El resto simplemente no puede hacer frente a ningún tipo de gasto, pero siguen siendo bienvenidos por la fuerte convicción de Sweetie de que, cualquiera que sea su situación, ningún niño debería quedarse sin educación.

Escenario con el que nos encontramos

Escenario con el que nos encontramos

Una vez que conocimos esta realidad, el escenario que se planteó no fue nada sencillo, ya que, debido a la brevedad de nuestra estancia, colaborar con ella hasta conseguir la sostenibilidad plena de la guardería se antoja sumamente complicado. No obstante, quedarnos de brazos cruzados no era una opción contemplable, por lo que nos hemos aferrado a nuestro blog y sus –¿pocos?– visitantes para aportar nuestro granito de arena.

Jon Díaz e Imanol Olalde

Jon Díaz e Imanol Olalde

Podréis encontrar toda la información respecto a este proyecto y la manera de aportar vuestro granito de arena en este link.

Y, si queréis conocer en detalle nuestra experiencia desde múltiples puntos de vista sois bienvenidos a nuestra web ‘Arroz con Alubias‘.


[1] Previo paso por iNNoVaNDiS, cómo no.
[2] Dar es-Salam (árabe: دار السلام, Dār as-Salām: «remanso de paz»).

 

 

 

 

 

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