5 lecciones desde la India

Por Asun Ibáñez, Directora Académica iNNoVaNDiS

Este año he tenido la suerte de acabar el curso con un viaje a la India y este post quiero comenzarlo con un sincero agradecimiento a todas las personas que me han dado la oportunidad de hacerlo, las que han ayudado a que lo viviésemos de la mejor manera posible y, por supuesto, a las que me han acompañado en la aventura. Ya adelanto que este comienzo pueda parecer a alguien un tanto “de peloteo”, sin embargo, todas estas personas me conocen y saben que lo digo de corazón y desde el convencimiento de que nada nuevo puede venir a nuestra vida si no damos las gracias por todo lo que tenemos. Sí, ya veis, que el viaje ha seguido haciendo mella en mi “ramalazo moño”.

Primero, obviamente, agradezco la confianza que pusieron en mi Kristina Zabala, vicedecana de grados de mi facultad, la Deusto Business School, y Lorea Narvaiza, responsable del Título Propio de International Management Skills dentro del cual se realiza este viaje en el marco de la asignatura Intercultural Inmersion Programme.

En segundo lugar a Elena Ochoa que ha estado todo el curso negociando con la National School of Business (NSB) de Bangalore la mejor y más interesante agenda; Beatriz Muguerza que se ha peleado con todo el papeleo y burocracia; Mouli, el Dr. Sridharamurthy (presidente de la NSB) y todo el resto del personal de la NSB y empresas que visitamos y a todas las personas de la Fundación Vicente Ferrer, desde Ana Ferrer a todas y cada una de las personas que nos recibieron en sus aldeas, porque todas ellas nos recibieron, acompañaron y ocuparon de que nuestra estancia fuese perfecta.

Y, por último, a mis compañeros Elena Lamarain y Jon Mikel Zabala que me han cuidado durante todo el viaje como si de una reina se tratara. Hemos dormido juntos, desayunado juntos, trabajado juntos, divertido juntos… Nos hemos reído, nos hemos rallado, nos hemos cansado, incluso hemos llorado. Hemos hecho de padres y madres, de enfermeros, de polis buenos y polis malos… pero, sobre todo, nos hemos arropado y abrazado haciendo que esta aventura haya sido más una experiencia de vida que parte de nuestro trabajo. ¡Es un lujo trabajar con gente tan maravillosa!
Finiquitado el apartado de agradecimientos vamos al viaje.

 

La India…

Ir a la India es sumergirte en un mundo de contradicciones: por un lado está la pobreza, discriminación por género y castas, el caos, el ruido, la suciedad, los olores fuertes (unos agradables otros no tanto)…

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Y, por otro, las maravillas arquitectónicas, el color, la alegría, la entrega absoluta al visitante, la filosofía que se esconde tras sus prácticas como el yoga, su cultura o religión. Y, como todo en esta vida, dependiendo de en dónde pongas el foco vives una experiencia u otra.

 

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En mi caso, os voy a hablar desde esa parte más espiritual a la que, probablemente por mi momento vital, estoy más abierta.
La primera lección vino de la mano de la sesión de yoga impartida por Anish Kumar quien nos explicó en qué consiste esta práctica milenaria originaria de India y aclaró lo que hay más allá de la parte “fashionable y cool” con la que tendemos a quedarnos lxs occidentales. Su charla comenzó fuerte: somos SERES humanos (human BEings). Ser VS tener; mirar hacia dentro VS buscar fuera. Y somos, no sólo cuerpo (agua, tierra, aire, éter y fuego), sino mente (emociones, pensamientos e intelecto) y espíritu. El yoga trabaja para armonizar y encontrar un balance, un equilibrio entre todo ello. Lo que la mayoría de nosotrxs conocemos del yoga es uno de sus ocho “órganos (angas)”, en concreto el tercero: las Asanas (posturas). Sin embargo, además de éste hay que trabajar el Yama (abstinencia), el Niyama (disciplina), el Pranayama (respiración). Me encantó el significado de “Prana”, que sería algo así como el aliento, la vida en el cuerpo. Nos explicó con un cuento la importancia de cuidar la respiración. La historia leía que Dios nos envía a la vida con un número concreto de respiraciones y, si no las realizamos correctamente las consumimos antes y, por tanto, morimos antes. Los otros cuatro angas que quedan son Prathyahara (libertad), Dharana (concentración), Dhyana (meditación) y Samadhi (contemplación). Si analizamos todo ello con detenimiento nos damos cuenta que la mayoría son cosas que “no se ven” y, no por ello, menos importantes para una vida equilibrada.

 

Segunda gran lección: La naturaleza es nuestra mejor maestra. La palabra GOD responde a las siglas: G (generation), O (operation) y D (destrucción). O sea: creación, manutención y transformación. Para que venga lo nuevo, lo viejo debe irse. Anish nos dijo que cada unx de nosotrxs somos una pieza de felicidad en el mundo y que la iluminación consiste en darnos cuenta de que somos UNX con TODO (interconectividad). De ahí que debamos respetar no sólo a nuestrxs semejantes sino también a los animales y toda la naturaleza. La propia bandera India ensalza ese respeto por la naturaleza en su color verde. El naranja simbolizaría el sacrificio y contribución a lxs otrxs antes que a unx mismx, el blanco muestra la pureza y el círculo azul en medio de la bandera el tiempo. De ahí la importancia de la puntualidad para lxs hindúes.

 

La tercera lección viene de la mano de la flor nacional del país, el loto, como símbolo de la suprema realidad y belleza, y ejemplo de la necesidad de trabajar el desapego, como el agua que cae en sus pétalos y resbala sin penetrarlos. El profesor nos dijo que las personas pobres son más felices que muchxs de nosotrxs, no por el hecho de no tener nada, per se, sino porque carecen del sufrimiento que provoca el apego. ¿Cuántos apegos tenemos nosotrxs? Y no hablo sólo de los apegos a los bienes materiales, sino a los lugares, a un status, a una persona… y, precisamente el miedo a perderlos, es lo que nos provoca el sufrimiento que disminuirá si trabajamos el desapego. Esta lección comenzaba con la flor nacional y finaliza con la costumbre india de regalar flores. De hecho, a nuestra llegada al aeropuerto de Bangalore nos estaba esperando una rosa roja a cada unx de nosotrxs y, cada vez que visitamos una aldea de la Fundación Vicente Ferrer nos ponían un collar de jazmines. El significado de este gesto que tal vez alguien lo viviese de una manera muy normal sin darle mayor importancia, es que al ofrecernos las flores nos están diciendo: “vamos a florecer juntxs, no podemos crecer solxs, demos nuestra fragancia conjunta a la sociedad”.

 

La lección sobre cómo trabajar el conocimiento sería la cuarta y fue magistral. Lxs diosxs a lxs que los hindúes rezan para conseguirlo son:

  • Ganesha que tiene cara de elefante, animal que utilizan para ilustrar la necesidad de discernir (los elefantes destilan el agua con la trompa), la importancia de la fortaleza, del silencio (los elefantes se comunican mediante infra frecuencias) y de escuchar (sí…, es muy obvio…, por lo de las orejas grandes).
  • Hanuman es el que tiene cara de mono, animal que salta de rama en rama, y lo utilizan para recordarnos que, si queremos conseguir algo, tenemos que enfocarnos y trabajar el control mental.
  • Krishna se encarga de prevenirnos de que no nos sumerjamos en la mundanidad, que seamos como el aceite en el agua.
  • Shiva, la bailarina azul, protagoniza la leyenda que dice que bebió veneno y continúo viva, siendo la enseñanza que habría detrás que las cosas negativas que nos pasan también tenemos que vivirlas (“tragarlas”), intégralas y déjalas ir para seguir adelante.

 

Uno de los templos que visitamos era en honor al dios que representaba el proceso que es necesario vivir para llegar a toda meta. Creencia completamente opuesta a la de muchas personas en occidente que buscan el éxito rápido y sin esfuerzo. Es más, nos explicaban que no importa tanto si un problema se soluciona, como el granito que ponemos nosotrxs para mejorar ese problema. De ahí la entrega y pasión que ponen en todo lo que hacen porque lo importante es luchar por lo que queremos aunque no lo consigamos.

 

También está relacionado con el conocimiento el Bindi o Tilak que llevan en la frente y que no sólo es para ensalzar la belleza, sino para entrenar el intelecto, ayudar a la concentración, y capturar energía para el chakra Ajna (el tercer ojo), porque si la mente está oscura no se puede aprender, hay que iluminarla. Precisamente, ese fue nuestro máximo consejo a nuestrxs estudiantes desde la primera charla que tuvimos con ellxs:

Abrid bien los ojos para que no se os escape detalle y acercaos a TODO con una mente y corazón abiertos que os ayuden a replantearos vuestras premisas, cuestionar vuestro status quo, haceos buenas preguntas para que podáis hacer una buena reflexión en profundidad.

Ojalá estas palabras sigan resonando en nuestra mente mucho tiempo después de este viaje.

 

Y, la quinta y última lección que quiero compartir con vosotrxs es la referida a lxs cuatro principales diosxs para los hindúes: la madre, el padre, el profesor o la profesora y el o la huésped. Veneran y respetan a estas cuatro personas entregándose a ellas con todo el amor y gratitud de la que son capaces. No fue hasta que nos dieron esta explicación que comprendí cómo era posible que me hubieran hecho sentir durante estos días en la India como una reina no sólo las personas que nos recibían en la universidad o en las empresas que visitábamos (en todas ellas había una dedicación de hasta unas ocho personas volcadas en hacer de nuestra estancia un momento lo más agradable e interesante posible), sino en cada una de las humildes casas que visitamos en las aldeas de la Fundación Vicente Ferrer quienes nos ofrecían hasta lo que o tenían.

 

Sólo me quedaría deciros Namaste o, lo que es lo mismo, el dios que hay dentro de mí se inclina ante el dios que hay dentro de vosotrxs. GRACIAS.

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