¿Qué es eso para tantos?

2 de mayo, Viernes II de Pascua

Llama la atención cómo, en muchos lugares de sobreabundancia y consumo desbordado, seguimos creyendo que todos acceden a todo. Pero la realidad es que no. A ello se añade el miedo al “no llega para todos”, que paraliza la solidaridad y los gestos de generosidad.

Este relato nos recuerda que lo poco, ofrecido con fe, puede alimentar multitudes. Jesús no multiplica por magia, sino desde una lógica de gratuidad y comunidad. Solo cuando alguien se atreve a compartir lo que tiene, se abre el milagro de lo inesperado.

Una vez más, a partir de las crisis como la del apagón u otras, estamos llamados a la solidaridad. A ofrecer lo que tenemos y lo que somos para que las cosas cambien y el pan, la dignidad y la justicia lleguen para todos. Feliz viernes.

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El que es de la tierra

1 de mayo, Jueves II de Pascua

Vivimos tiempos en que abundan voces, opiniones y mensajes de toda clase y colores donde resulta difícil distinguir lo verdadero de lo superficial. Las redes nos empujan a quedarnos en lo inmediato, en lo aparente y en lo espectacular, frente a la profundidad.

El Evangelio nos recuerda que Jesús no es solo un maestro más. Jesús viene del cielo y habla desde la experiencia del Padre. Su palabra no se agota en lo terrenal, sino que abre el horizonte de la vida a algo más de lo que vemos.

En este día en que, como sociedad, recordamos a los trabajadores, podemos profundizar un poco más. Podemos sumarnos a la causa de la gran familia humana y los retos que tiene para vivir en justicia, para vivir en paz y para vivir en solidaridad. Feliz jueves.

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Vivir en la luz

30 de abril, Miércoles II de Pascua

En un tiempo donde la información abunda pero la verdad escasea, muchos viven en la penumbra de la desconfianza y el miedo. Preferimos a menudo la sombra cómoda de lo superficial antes que exponernos a la claridad exigente de la luz. Nos cuesta creer que algo —o alguien— haya venido simplemente para amarnos.

El Evangelio de Juan nos recuerda que el corazón de Dios no es el juicio, sino la entrega. Jesús no vino a condenar, sino a iluminar; no a señalar, sino a salvar. La luz que ofrece no nos anula, nos transforma, si dejamos que entre en nuestras obras y en nuestro modo de vivir.

Hoy estamos llamados a vivir en la luz que nos libera frente a la luz que condena. Se trata de mirar a los otros desde los ojos del amor que acoge, que impulsa, que anima; frente a la condena. Feliz miércoles.

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Y se fue la luz

29 de abril, Martes II de Pascua

Ayer fue un día de contraste. En medio de la aceleración de cada día nos vino el apagón que nos situó con mayor o menor afección en un plano distinto de lo cotidiano. La luz se fue, pero nos recordó que dentro de nosotros hay mucha luz de humanidad que necesita encenderse y que en lo cotidiano la tenemos apagada.

Jesús nos dice que acudamos a él los cansados y agobiados. La vida tiene mucho de agobio, pero podemos afrontarlo desde el Evangelio, desde la experiencia del Reino de Dios que nos pone y nos sitúa de un modo nuevo y nos ilumina en la oscuridad.

El apagón es de esos momentos colectivos compartidos. Se nos fue la luz pero sabemos que había muchas luces cuidando de otros que estaban en mayor vulnerabilidad. Esas pequeñas luces nos hacen ver que la poderosa luz de la solidaridad sigue siendo esencial en la humanidad. Feliz martes.

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Nacer de nuevo

28 de abril, Lunes II de Pascua

Vivimos tiempos de cambios vertiginosos e inciertos, donde a menudo buscamos certezas que nos den seguridad. Estos tiempos de incertidumbre nos acercan a la noche de nuestras dudas en busca de sentido y anhelamos signos que nos indiquen que no estamos solos en medio de tantos desafíos.

Jesús nos recuerda que no basta con adaptarnos a los cambios exteriores; necesitamos nacer de nuevo en el corazón. No se trata solo de cambiar hábitos, sino de dejarnos transformar por el Espíritu, acogiendo la vida nueva que Dios nos ofrece cada día.

Necesitamos abrir nuestro interior al soplo misterioso de Dios. Atrevámonos a dejarnos renovar desde dentro hacia fuera. Se trata de volver a nacer cada día ante lo nuevo que ha de surgir. Feliz lunes.

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Puertas cerradas

27 de abril, Domingo II de Pascua

Hay quien diría que vivimos en un mundo que quiere cerrar las puertas a través del miedo. El miedo nos encierra en nosotros y nos hace temer a todo lo distinto y a los distintos. Es una actitud de repliegue ante lo que tiene que venir.

Jesús trae la paz, la alegría y el sentido. El resucitado conecta con la experiencia de fe de los discípulos y la aparición se convierte en un momento de elección entre creer o no creer, es decir en seguir el Evangelio o no seguirlo.

Necesitamos acabar con los miedos que nos encierran como sociedad. Necesitamos derribar las puertas que nos impiden ir a la cultura del encuentro entre diferentes. Necesitamos elegir si quedarnos a oscuras en casa o salir a la luz. Feliz domingo.

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Resistentes

26 de abril, Sábado de la Octava de Pascua

En un mundo donde las noticias negativas copan titulares y redes, creer en la esperanza resulta un verdadero desafío. En este contexto, la incredulidad parece más cómoda y es así que las resistencias se convierten en comodidad.

El Evangelio nos recuerda que el Resucitado no se cansa de salir a nuestro encuentro, aunque nos resistamos. Jesús transforma nuestra desconfianza en misión: anunciar a toda criatura la victoria de la vida sobre la muerte.

Asumamos con gozo el envío de ser portadores de la buena noticia en medio del mundo. Convertirnos en testigos que han vencido la resistencia a creer nos puede ayudar a vivir más sueltos y ligeros, es decir, más libres. Feliz sábado.

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Echando redes

25 de abril, Viernes de la Octava de Pascua

En una sociedad marcada por la prisa y la presión por resultados inmediatos, nuestras redes a menudo permanecen vacías pese al esfuerzo invertido. Solemos experimentar la frustración de noches sin fruto que hace que nos sintamos mal y estériles.

El Evangelio de hoy nos recuerda que Jesús siempre nos invita a confiar y persistir, transformando nuestra desilusión en abundancia inesperada. En medio de lo ordinario, Él nos espera con paciencia y cariño. Su presencia nos enseña que la confianza es esencial para lograr frutos de vida verdadera.

Abramos juntos los ojos y el corazón para reconocer lo bueno en nuestra vida diaria. Lancemos hoy nuevamente nuestras redes en nuevos lugares y así avancemos sobre miedos y bloqueos que nos puedan paralizar. Feliz viernes.

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¿Por qué os alarmáis?

24 de abril, Jueves de la Octava de Pascua

No se nos hace lejano eso de «estado de alarma» que tuvimos en la pandemia. El asunto es que se nos ha extendido la alarma a todo en la vida y vivimos en modo miedo a ver qué es lo siguiente que nos puede pasar. Ahora estamos con quién va a ser el siguiente Papa.

Jesús saluda con la paz, es el modo de empezar a quitar miedo y transitar hacia la alegría del encuentro. Es la alegría y no el miedo el rasgo que debería distinguir a los discípulos de Jesús frente a las autoridades que acallan y silencian todo a través del fomento del miedo.

Deberíamos dar un paso más allá sobre nuestros miedos para descubrir y celebrar la alegría de la vida en este mundo tan complicado y que no entendemos. Es el modo en que nos convertimos en peregrinos de la esperanza caminando juntos y compartiendo la alegría. Feliz jueves.

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Al partir el pan

23 de abril, Miércoles de la Octava de Pascua

En estos tiempos de incertidumbre, en ocasiones caminamos desorientados y con tristeza, incapaces de descubrir lo fundamental de la vida. Nuestros ojos, preocupados por tantas cosas , pueden volverse incapaces de reconocer la esperanza que hay entre nosotros.

Este Evangelio nos recuerda que es precisamente en medio de nuestras dudas y desánimos cuando Cristo se hace compañero de camino. Él, que siempre toma la iniciativa, se acerca con discreción y escucha pacientemente nuestros temores, para luego revelarse en la sencillez de un gesto cotidiano: el partir el pan. Es en ese gesto humilde donde se abren nuestros ojos, nuestro corazón arde, y reconocemos que Él nunca ha estado ausente.

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